29 jun. 2011

Ehlena y Rehvenge


Os dejo con este vídeo que Fátima me ha mandado al correo.

25 jun. 2011

Rehv y Ehlena por Anyae


© Anyae

¿Quién es Rehv? Fase III


Traigo el recuento de votos para la elección de Rehv. Os recuerdo que aún tenéis hasta el 29 de Junio para votar.

Resultados hasta el momento:

Marco da Silva: 42 puntos
Desconocido 1: 40 puntos
David Gandy: 38 puntos
Darek Miroslaw: 34 puntos
Abel Ljoka: 31 puntos
Mark Salling: 27 puntos
Paul Marron: 18 puntos
Henry Cavill: 12 puntos
Noah Mills: 11 puntos
Desconocido 2: 11 puntos
James Guardino: 8 puntos
Adam McEvilly: 6 puntos
Gaspard Ulliel: 5 puntos
Wes Bentley: 4 puntos
Channing Tatum: 4 puntos
Ricky Martin: 4 puntos
Robbie Williams: 3 puntos
Jared Leto: 2 puntos
Frank Iero: 2 puntos
Eric Dane: 2 puntos
Ian Somerhalder: 1 punto
David Boreanaz: 1 punto
Desconocido 3: 0 puntos
David Beckham: 0 puntos
Cayetano Rivera: 0 puntos
Kellan Lutz: 0 puntos
Keanu Reeves: 0 puntos
Cristiano Ronaldo: 0 puntos

24 jun. 2011

Para los fans de Rhage


Hoy Ward ha publicado en su FB una cita de la historia corta de Rhage y Mary:

Cuando la miraba, ella era su todo: la tierra donde plantaba sus botas, el cielo que se extendía sobre él, la luz del sol que disfrutada y la luz de la luna que lo guiaba a casa.

15 jun. 2011

Amante Renacido: capítulo 4 por Neï


¡Hey, chicas! :) Bueno, aquí sigo, sacando tiempo de dónde puedo ( y no debo XD) para seguir editando los capis. Menos mal que tengo bastante escrito, sino ahora mismo el fic tendría que quedar en suspensión (¡no entréis en pánico, no es el caso!), porque estoy a saco con los exámenes de la uni.

Bah, las dejo de aburrir con mis cosa, jajaja.

Ok, decir que AMO este capítulo sería quedarme corta. Muy corta. Es absolutamente emotivo, os vais a meter en la piel de Tohr al 100%. Y sí, hay mucho amor de Hermanos :)

Como hubo mucha Layla en el episodio anterior este está completamente dedicado a Tohr, habiendo incluso un pequeño flashback (de ahí el título del capi, qué original, ¿eh? ¬¬) Como todas saben, y recordaran especialmente si han leído Lover Mine, el libro de John, hace poco, Darius es una persona extremadamente importante para Tohr, y este hecho queda más que patente en la escena en la que narro una de sus memorias del macho.

A lo que le sigue un conversación con…*chan chaaaan* la Virgen Escriba. Yeah, teniendo en cuenta su total ausencia en Lover Unleashed, le he dado algo de protagonismo a nuestra amada/odiada Diosa. Y, me atrevo a creer, que después de esta conversación con Tohr la mayoría de ustedes va a volver a tenerle algo de cariño, al menos XD

Ya para acabar, no voy a desvelar nada del momento final de “familia feliz” de la Hermandad, las dejo para que lean.

En resumen: me brillaban los ojitos mientras releía el capi editándolo. Ya me dirán qué tal los suyos :p


P.D: Ah, sí, se me olvidaba: *se da en la frente* entrada triunfal de los Malosos :)

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 4. Flashback.

{Lo pasado ha huido, lo futuro está ausente, pero el presente es tuyo}

{Sé. Vive. Siente.}


Tohr se desmaterializó directamente a su habitación y se quedó apoyado en la puerta, calmando su respiración, durante algunos minutos.

Se pasó la mano por el pelo y suspiró, cerrando los ojos y bloqueando con toda su fuerza de voluntad las imágenes que se agolpaban en su cabeza.

Pero no era como si bloquear el sabor en su lengua fuera tan fácil ¿hola, alguien tiene unas tenazas, por favor?

Claro, el problema era que la sangre de Layla no estaba solo en su lengua, sino en su garganta, su estómago, todo su cuerpo. En su cerebro.

Maldijo por lo bajo y, yendo hacia la cama, se dejó caer en el mullido colchón. ¿Qué había sido diferente esta vez? Ya había tomado la vena de la Elegida incontables veces, beneficiándose de la pureza de su sangre durante su proceso de curación.

Pero todas esas veces no habías tenido que mirarla mientras lo hacías.

Bueno, se dijo, técnicamente no la había estado mirando, porque había tenido la vista fija en aquellas marcas de colmillos durante casi todo el rato. Sagrada Virgen, cuando las había visto, había sido como si todos sus instintos tomaran el control, urgiéndole a dejar su marca, una que desterrara la del otro macho.

Lo cual era absurdo, ¿no? No tenía ningún derecho a sentirse de esa manera sobre Layla. No tenía derecho a sentirse de esa manera acerca de nadie. Su shellan había sido asesinada hacía tres años y aquí estaba él: teniendo erecciones con otra hembra. Debería darle vergüenza.

Por mucho que le pesara el daño que pudiera hacerle a Layla, iba a tener que pedirle a Phury que enviara a otra Elegida la próxima vez que necesitara alimentarse. Ahora mismo lo último que necesitaba era una distracción que le privara de cumplir su meta: vengar a Wellsie y ganar la guerra contra la Sociedad Restrictora.

Además, aparentemente su autocontrol era una puta de la que no podía fiarse, se había evaporado con un mínimo vistazo de los encantos de la hembra. ¿Qué haría entonces si ella volvía a ponerle entre la espada y la pared? ¿La tomaría? Pero, ¿a qué precio para ambos?

Ella tendría la experiencia que buscaba, claro, pero a Tohr no le parecía que fuera el tipo de hembra que sólo busca sexo. Él por su parte estaba roto, era un macho vinculado sin su shellan, estaba totalmente anulado hacia otras hembras.

No tanto como piensas, amigo.

Pues si no estaba lo suficientemente anulado, ya se ocuparía él –miró hacia su entrepierna– del resto.

Levantándose de la cama, se dispuso a ocuparse con otras a cosas a fin de dejar de darle vueltas al mismo tema una y otra vez.

Lo primero que tenía que hacer era ponerse en contacto con Rehvenge. Wrath le había dicho que él pondría al tipo al corriente de todo, de modo que Tohr sólo tendría que organizar cuándo sería la reunión, así como cualquier otro asunto que surgiera.

Marcó el número que le habían dado y esperó. Como medio segundo.

—¿Sí? —definitivamente había estado esperando la llamada.

—Soy Tohrment, supongo que el Rey ya te habrá explicado la situación.

—Seh —vino la resignada respuesta del otro lado de la línea—. Pero te digo lo mismo que le he dicho a él: no es posible que algo así se haya planeado en la colonia sin que yo me enterara.

—Pues aparentemente estás demasiado seguro de ti mismo —le reprendió.

—No me jodáis —gruñó Rehv—. Sois vosotros los que no sabéis una mierda de cómo funcionan las cosas aquí arriba y os estoy diciendo que no ha sido ninguno de los que viven aquí.

Tohr tragó saliva. Ninguno de los que viven aquí.

Las implicaciones de lo que el macho sugería los ponía de mierda hasta el cuello. En el caso de que el incidente hubiera tenido como autor a un individuo de la colonia, hubiera sido mucho más fácil de manejar. Simplemente hubiera tenido que encontrar al cabrón y llevarlo de vuelta a su sitio para que Rehvenge dispusiera de él, es decir, se lo cargara como la rata que era.

¿Esta hipótesis de que el sujeto iba por libre, sin responder ante ninguna autoridad?

Puta. Mierda.

Su tarea iba a ser mil veces más difícil, como si empezaran dese cero. Teniendo en cuenta de que en ese caso el insurrecto no mantendría lazos de ningún tipo con otros habitantes de la colonia, él y sus hermanos no podrían hacer uso de la naturaleza intrínsecamente desleal de los Symphaths para que les fueran de ayuda a la hora de localizar al perpetrador.

—Macho, eso es una mierda. Es una gran mierda. La reunión tiene que ser prácticamente ipsofacto, cada momento que perdemos le damos más tiempo a ese hijo de puta para seguir causando estragos ahí fuera.

—Dime la hora y estaré allí.

Tohr gruñó. Joder, tendrían que reunirse durante el día. Toda la Hermandad debía que estar presente, incluidos Xhex, John y sus chicos y ahora mismo no podían permitirse que no hubiera ningún Guerrero patrullando, mientras hubiera un Symphath suelto diezmando su población de civiles.

—Tendrá que ser durante las horas diurnas, a primera hora de la mañana. Justo antes de que salga el sol, te esperamos aquí. Trae a las Sombras contigo, si nos enfrentamos a lo que creemos vamos a necesitar todos el músculo disponible.

—Allí estaremos.

Una vez hubo colgado, se quedó mirando el teléfono, como si el aparato fuera a darle las soluciones a todos los problemas.

Tenían que trazar un plan y rápido. El sujeto muy probablemente ya sabía que iban tras él, es más, había que barajar la posibilidad de que el atentado hubiera sido un intento de llamar la atención a la Hermandad.

Un “eh, tíos, estamos aquí, que os follen” brutal y muy gore. Tohr realmente esperaba que este fuera el caso, porque supondría que quizás el asesino estaba muy pagado de sí mismo, considerándolos inferiores a él. Y esto le llevaría a cometer una imprudencia tarde o temprano.

Sería entonces cuando él tendría su daga preparada para ajusticiar al cabrón.

****


Rhegion se colocó más cómodamente en su diván mientras pasaba una a una las fotos que tenía entre las manos. Una lenta sonrisa se extendió por sus labios ante las imágenes de la masacre propiciada por sus súbditos. Realmente era el primer vislumbre de felicidad que tenía desde hacía meses.

Sus colmillos se alargaron un vicioso siseo escapó de sus labios. El primero desde que ese bastardo que tenía por sobrino le había arrebatado su trono, había matado a la zorra que tenía por esposa, quitándole la oportunidad, y toda esa colonia de malnacidos se habían puesto de rodillas como putas ante él.

Pero ya se arrepentirían de su nefanda decisión, sí. Él se ocuparía de ello, liberando a su más temido enemigo sobre ellos: La Hermandad de la Daga Negra. Y antes de ser traspasados por las armas de los vampiros, todos y cada uno sabrían a ciencia cierta, que él había orquestado su caída.

Y la tierra se teñiría de azul con la sangre de los traidores.

Rio en voz alta ante la morbosa teatralidad de sus pensamientos, prácticamente paladeando el sabor de la muerte de sus congéneres.

Volviendo a bajar la vista, contempló una rato más las instantáneas de los cuerpos desmembrados de las víctimas. Hannibal y Dahlia habían hecho un estupendo trabajo, cada gota de sangre salpicada en las paredes de ese mugriento callejón gritaba symphath. No cabía duda acerca de la naturaleza de los asesinos.

Pero por otra parte, ¿qué otra especie tendría el poder suficiente como para logar algo así?

Ninguna.

Y esta era otra razón por la que Rhegion había decidido poner en práctica su plan: los Symphaths eran claramente superiores a los vampiros, ya sin hablar de los humanos, meros bichos bajo sus botas. Pero durante siglos habían sido desdeñados y apartados del mundo como si fueran una enfermedad, aislados en colonias, como si de campos de concentración se tratara. Todo eso iba a acabarse muy pronto.

Unos suaves toques en la puerta lo sacaron de sus reflexiones.

—Pase.

Se giró para ver a Dahlia entrar en la habitación e hizo una reverencia. La hembra llevaba puesta una ligera túnica blanca, que aparecía carmesí a la mirada bidimensional roja del symphath, bajo la cual su cuerpo no era muy diferente al de él mismo. Su largo pelo rubio extremadamente pálido estaba recogido hacia atrás en un moño suelto, exponiendo la sinuosa curva de su níveo cuello. El cual lucía un fresco mordisco que se estaba tornado de un violento color violáceo.
Rhegion sonrió sádicamente al recordar el grito su grito cuando se lo había hecho, así como ante la memoria del bestial orgasmo que esto le había provocado.

—Dahlia, querida que placer verte de nuevo.

La mueca que se formó en sus finos labios le puso duro al instante. También se acordaba de que ella se había corrido igual de duro ante el dolor.

—Mi Señor. Hannibal y yo nos preguntábamos si las fotos han sido de vuestro agrado —mantuvo sus ojos obedientemente clavados en el suelo.

Rhegion se puso de pie y anduvo hacia donde estaba ella, rodeándola unas cuantas veces como el depredador natural que era, aspirando su perfume en sus fosas nasales, acrecentando su propia excitación.

—Desde luego que me han satisfecho. Ambos habéis hecho un excelente trabajo, yo no lo habría hecho mejor.

—Me halagáis, Mi Señor.

Por lo que podía inferir de su mapa emocional, estaba seguro de que ella ya esperaba una alabanza de ese tipo por su trabajo y encontraba sus palabras aburridas.

Vaya, vaya. Debería haber escondido sus emociones mejor.

Pero después de todo, muy probablemente estuviera haciéndolo a propósito. A esta hembra le gustaban particularmente que la vejaran tanto física como mentalmente.

Y él era jodidamente bueno en ambas cosas.

—Pero esto sólo ha sido el comienzo, querida. Tengo muchos más trabajos para vosotros. Especialmente para ti.

Ella tuvo la desfachatez de arquear una ceja.

Rhegion se introdujo muy lentamente en su cerebro, buscando aquí y allá, seleccionando los recuerdos que emplearía para someterla y…

Ah. No sabía que ella sintiera esa clase de predilección por los niños pequeños. Seguro que una buena dosis del dolor que sentirían sus madres sería suficiente para ponerla de rodillas en unos pocos segundos.

Su polla dio un respingo con sólo visualizarla llorando.

Sin alterar la expresión de su rostro para no alertarla descargó su ataque contra ella. Y el grito de desesperación fue casi instantáneo.

La hembra cayó de rodillas y luego quedó tumbada en el suelo retorciéndose de mientras se agarraba la cabeza.

—Y ahora Dahlia, quiero que te masturbes mientras sigo con esto, y recuerda, no pararé hasta que no te corras así que mejor te das prisa y lo haces bien, ¿no?

Entre lágrimas y sollozos, ella se llevó la mano entre las piernas, comenzando a trabajarse y él sonrió perversamente.

Ahora, estos eran los momentos en que más inspirado estaba, así que se pondría a planear su próximo ataque.

****


—¿Sire Tohrment? El sire Rehvenge y sus acompañantes ya están aquí.

Tohr se giró hacia la suave voz de Fritz a la vez que apagaba el televisor al que apenas había estado prestando atención. Le sonrió tranquilizadoramente al inquieto mayordomo a la vez que se ponía de pie.

—Gracias, Fritz. Los conduciré yo mismo al estudio de Su Majestad.

Se dirigió a paso vivo hasta el recibidor de la mansión, donde el Reverendo les esperaba con Trez y iAm. Los tres estaban muy serios y visiblemente nerviosos, moviéndose continuamente. Una vez llegó hasta donde ellos estaban, alargó la mano primero hacia Rehv.

—Valoramos mucho vuestra puntualidad —le agradeció al macho que asintió—. La reunión se realizará en el estudio del Rey y os pediría que dejarais todas las armas aquí antes de subir.

Los machos lo miraron con cara de pocos amigos, molestos con los que parecían haber interpretado como una falta de confianza.

Tohr se dispuso a calmar los ánimos dándole una gota de humor al asunto.

—Los encuentros de la Hermandad tienden a ser… intensos, por llamarlos de alguna manera. Todos iremos desarmados de manera que si surge algún desacuerdo lo máximo que pueda intercambiarse sean puños y no balas —sonrió—. Una vez el Rey llegó a apuñalar una pared, no querríamos que pasara de vuelta y, además, no quiere armas cerca de su perro.

Los otros tres no consiguieron evitar contagiarse de su sonrisa y tas unas cuantas bromas, emprendieron el camino.

Cuando llegaron el despachó estaba a punto de explotar: Wrath, Zsadist, Phury, Vishous, Butch, Rhage, John, Xhex, Blaylock, Qhuinn y Lassiter –cómo no–; más Rehvenge, Trez, iAm y él mismo.

Rascándose la cabeza, miró en dirección a Wrath que, pareciendo notar su mirada en él, volvió la cabeza hacia donde se encontraba Tohr.

—Mi Señor, me parece que tenemos un pequeño problema logístico —señaló observando la habitación.

—A ojos vista —ironizó Wrath de vuelta.

—Llamaré a Fritz para que disponga una de las salas de entrenamiento para reunirnos, ¿os parece?

—Tío, con lo bien que se está apachurrado entre estos dos.

Tohr se giró hacia Rhage que señalaba a V y Butch a cada lado de él, claro que en ese momento ambos se dedicaron a darle un sonoro puñetazo.

—¡Ay!

A fin de evitar más gilipolleces, se apresuró a encontrar a Fritz y le ayudó a preparar la sala. Una vez hubieron acabado, llamó a los demás y todos tomaron asiento alrededor de una enorme mesa, con Wrath en la cabecera.

Miró al Rey que se aclaró la garganta y comenzó:

—Bien no voy a entrar en detalles sobre lo sucedido porque todos habéis sido informados ya de los pormenores de la situación a la que nos enfrentamos. Es obvio que estamos ante circunstancias que no se habían vivido desde tiempos de mi padre, Wrath el Rey Justo, antes de que los Symphaths fueran relegados a vivir en una colonia —gesticuló hacia Tohr que retomó la palabra.

—No se registraba un ataque Symphath en la población vampira desde hace más de trescientos años. Fueron los continuos secuestros de hembras lo que finalmente llevó a la resolución de aislarlos allí donde no pudieran dañar a los civiles, ante la imposibilidad de erradicar por completo su raza. Por desgracia no es la primera vez que se ha producido un ataque como el que tenemos delante. En los archivos de Wrath el Rey Justo referentes a asuntos relacionados con Symphaths hay constancia de varias intervenciones de Guerreros de la Hermandad para dar caza a individuos especialmente perversos que se dedicaban a hacer precisamente esto: escoger víctimas al azar y forzarlas mentalmente a mutilarse —sacó algunos papeles y se los pasó a Wrath, para que él a su vez los fuera pasando al resto.

No todos los asesinos fueron encontrados, como ya he dicho, a diferencia de hoy día, los comedores de pecados no vivían en grupos ni respondían ante ninguna autoridad por lo que era bastante difícil encontrar sus paradero.

—¿Cuándo se produjo el último ataque? —pregunto V, perspicaz como siempre.

Tohr se pasó la mano por el pelo. Ya se temía esta pregunta y desde luego no le extrañaba que fuera el hijoputa de Vishous el que la hiciera. No lo hacía ninguna gracia tener que dar explicaciones, era una historia privada, nadie más que Xhex y John tenía por qué conocerla así que mantendría los detalles al mínimo.

—La última abducción se produjo en 1671 —esperó un momento—. El caso fue resuelto por mí y por Darius.

Las cabezas de rodos los presentes se levantaron como un látigo y sintió catorce pares de ojos fijos en él. Por el gesto de dolor en las caras de algunos de sus hermanos supo que la noticia había sido como un mazazo directo a su pecho.

Joder, Wrath le había dicho que durante todo el tiempo que había estado ausente, él había tenido la certeza de que Tohr no estaba muerto. Decía que sentía su latido vital en su sangre. Tohr comprendía perfectamente a qué se refería: durante la ceremonia de iniciación en La Tumba, todos los Hermanos bebían los unos de los otros, lo que suponía que eran capaces de “sentirse” entre sí.

¿Pero con D? ninguno de ellos sentía el más leve rastro de él en sus venas. Pero bueno, saltar por los aires junto con su coche le hacía eso a un vampiro.

Joder. Mierda.

—¿Por qué cojones no tenía yo constancia de eso Tohrment? —ladró Wrath en su dirección y por el modo en que sus gruesas cejas negras descendían sobre sus gafas, estaba claro que su cabreo era monumental. Novedad.

Tohr se cuadró antes de responder:

—Nunca lo consideré importante, Mi Señor, pues sucedió antes de que vos subierais al trono y nunca ha tenido lugar una situación que exigiera sacar el asunto a colación.

—Y una mierda —masculló Rhage desde el otro lado de la mesa—. Esta información podría habernos…

Unos cuantos golpes del bastón de Rehvenge en el suelo hicieron que la conversación cesara de repente. Tohr se giró hacia el macho, observando el gesto aburrido en su rostro.

—¿Podríais dejar las peleítas familiares para luego e ir al grano?

—O desde luego —se ofreció Rhage poniéndose en pie y crujiendo los nudillos.

—¡Basta! —bramó Tohr. Enarcó una ceja en dirección a Rehv—. ¿Ves por qué las armas están prohibidas?—se volvió hacia Rhage—. Ahora no es el momento, mi hermano. Darius y yo llevamos la misión a término, rescatando a la hembra. Punto. Después de eso, el Rey pasó un decreto contra los Symphaths y fueron desterrados a la colonia actual.

—Claro. Y no irás a decirnos por qué fue esa abducción la que colmó la paciencia del Rey, ¿no? —volvió a inquirir Vishous.

Tohr desvió la vista un segundo hacia Xhex, que se había puesto ligeramente pálida y luego taladró al macho con la mirada.

El muy cabronazo. Lo estaba haciendo a propósito. Se había dado cuenta de que el asunto la ponía nerviosa y lo estaba usando en su contra.

Joder, esto ya era demasiado. Una cosa era que el al tipo no le cayera bien la hembra, aunque la Virgen supiera cuál era la razón. Otra muy distinta era que se aprovechara de una debilidad para hacerla sufrir.

Y de paso ponerle a él mismo entre la espada en la pared. Todo en uno.

Puto genio.

Con una mirada cargada de disculpa hacia la hembra, retomó el relato:

—Como ya dije, D y yo rescatamos a la hembra. Pero a partir de ahí las cosas no salieron tan bien. Resultó que el Symphath que la había secuestrado la violó y ella quedó en cinta del monstruo. Intentó quitarse la vida varias veces antes de deshonrar a su familia trayéndoles semejante carga, pero sobrevivió hasta el parto —inspiró hondo—. Una vez dio a luz, me descuidé unos segundos, solo unos putos segundos para arropar al bebé…ella tomó la mi daga de su funda y se atravesó el pecho con ella. ¿Quieres saber cuál fue el problema?—fijó la mirada en los diamantinos ojos de V—. La hembra era la hija del jodido leadhyre, su única hija.

Desviando los ojos de los del Hermano le dejó rumiando lo que le había dicho. No tenía ninguna duda de que V ya se habría hecho una idea, al menos a grandes rasgos, de la historia de Xhex.

Y se odió cada puñetero segundo por haber puesto a la hembra en esta situación. Pero no le quedaba más opción. Se enfrentaban a un enemigo peligroso y sus Hermanos necesitaban la mayor cantidad de información que él pudiera darles, le pesara a quien le pesara.

—Ahora —prosiguió—, nos encontramos con una situación diferente. A pesar de que las mutilaciones psico–inducidas habían sido realizadas antes por Symphaths, se producían a lo largo del cautiverio al que éstos sometían a su víctima. ¿En este caso?—hizo circular fotos de la escena—. Fue todo muy express. No hubo secuestro ninguno, simplemente la carnaza en el callejón.

—Lo cual nos lleva a preguntarnos qué ha hecho que los mamones cambien su modus operando —comentó Butch pensativo.

Y, por supuesto, todas las miradas se clavaron en Rehvenge.

—Ya os lo he dicho —el macho puso los ojos en blanco—. No hay manera de que todo esto se haya orquestado en la colonia sin mi conocimiento. Los Symphaths simplemente no funcionan así. Soy su rey porque me temen, soy el monstruo que puebla sus pesadillas y puede arrebatarles la vida cuando le plazca. En eso se basa su respeto. Depusieron a mi tío simplemente porque estaban más cagados de miedo de mí. Los cabrones no van al baño sin que yo me entere. Punto.

—Danos otra explicación para esto, entonces.— Tohr empujó una de las fotos directamente frente a Rehvenge, que la observó sin inmutarse.

Los ojos amatista se elevaron tras unos segundos.

—Es un ataque Symphath —declaró el macho.

—¡No jodas! —ironizó Rhage de fondo.

Tohr lo taladró con la mirada e instó a Rehvenge a seguir.

—Lo que significa que hay un grupo de Symphaths renegados fuera de la colonia actuando por su cuenta.

Sagrada Virgen. Si Tohr creía que lo de antes había sido un silencio sepulcral esto le ganaba por goleada.

Su temor más profundo estaba tomando forma.

—Los cabrones serán tan difíciles de rastrear como lo eran los viejos tiempos si van por libre —gruñó alguno de los Hermanos de fondo.

—Lo que significa que tenemos que empezar a cazarlos. YA —sentenció Wrath.

****


Tras tres horas de reunión planificando las tácticas, armamento, equipos y demás cosas necesarias para comenzar la operación contra los Symphaths, Tohr volvió a su cuarto y por más que intentó con conciliar el sueño se paso las restantes horas de día dando vueltas en la cama, intentando perfeccionar y agregar detalles que hicieran su misión más efectiva.

En cuanto el último rayo de sol hubo desaparecido tras el horizonte, se desmaterializó en un pequeño claro de bosque. La brisa nocturna acarició su cuerpo cansado y lo revitalizo misteriosamente.

Con un suspiro, caminó los 50 metros que aproximadamente separaban el claro de la entrada de la cueva tallada en la rocosa pared de la montaña frente a él.

Con la pericia de aquel que ya había hecho esto cientos de veces, accionó en el orden correcto los mecanismos ocultos que harían que la puerta se deslizara, dándole acceso al santuario de la Hermandad.

Cerró con cuidado tras de él y se quedo allí de pie unos segundos, mientras sus ojos se acostumbraban a la penumbra solo perforada por la luz de ardientes antorchas clavadas en las paredes. Penetrando más profundamente en el macizo rocoso, lo recibió otro par de puertas, esta vez hechas de hierro. Con gran esfuerzo las abrió parcialmente.

Y no pudo evitar sonreír mientras las cerraba. Apenas unos meses antes no le había sido posible hacerlo por sí solo, Lassiter había tenido que ayudarlo.

Pero ahora, la mayor parte de su fuerza estaba de vuelta. Y las cosas no hacían más que mejorar.

Una parte de su mente vagó hasta el recuerdo del incidente que se había producido con Layla.

Bueno, mejoraban al menos físicamente.

Su mirada se deslizó por las paredes esculpidas en mármol negro, las velas que alumbraban en lugar, los millares de tarros de restrictores y se detuvo en los nombres de todos los miembros de la Hermandad, grabados en la pared frente a él.

Arrodillándose, colocó las palmas de las manos sobre los muslos, bajó la cabeza y se dispuso a meditar. Siempre que necesitaba un momento a solas en que el aclarar sus pensamientos, venía a La Tumba. Pudiera ser porque gran parte de los momentos más importantes de su vida se habían producido entre estas paredes… conocer a Darius, su inducción a la Hermandad, conocer al resto de sus hermanos.

Pero más seguramente era por la paz que el sitio le transmitía. Aquí se habían reunido durante cientos de años las generaciones de Guerreros para trazar sus planes de acción, ponerse al tanto de sus situaciones o simplemente verse los unos a los otros. El lugar era un remanso para la violencia que corría en las venas de todos ellos.

Y el ciertamente necesitaba algo de tranquilidad en estos momentos.

Cerrando los ojos inspiró profundamente y dejó que su ritmo cardiaco fuera disminuyendo poco a poco, acompasándose con su lenta respiración. Sus constantes vitales bajaron y v entró en un pacífico letargo. Con un último pensamiento consciente, abrió su mente a la reflexión y…

Aghony se encontraba muy serio frente a ellos. Miró de hito en hito a Darius y dedicó una mirada de pasada a Tohr.

—¿Dos bajas, Darius? ¿Te envío en una misión especificada como máxima prioridad y me informas de que tanto la víctima como el secuestrador están muertos? —dijo el líder de la Hermandad con incredulidad.

A su lado, Tohr sintió al macho tensarse. D no estaba acostumbrado a ser el blanco de la decepción de sus superiores. Y ambos sabían que dadas las circunstancias en que se había desarrollado la misión el resultado no habría podido ser mucho mejor.

—Hay factores atenuantes Aghony, deberías haber leído el informe redactado por Tohrment antes de reclamarnos en tu presencia.

El macho curvó el labio ligeramente hacia arriba y se acercó un paso a D, amenazante.

—Estás peligrosamente cerca de la insubordinación, Darius —le gruñó, sus ojos amarillos brillaban con furia —. No digas nada que me haga hacer algo de lo que nos arrepintamos más tarde.

Como macho de política que era, Darius dio un respetuoso paso hacia atrás y Tohr no pudo más que respetarle por tragarse su orgullo de esa manera. Todos sabían que D era el mejor Guerrero de la Hermandad en esos momentos, por lo que, si las cosas hubieran llegado a ponerse feas, Aghony tenía todas las de perder.

—No era mi intención ofenderte, hermano. Sólo quería poner de manifiesto que la lectura de dicho informe te habría servido para cerciorarte de que ambos dimos lo mejor de nosotros en esta fatídica misión, pero la suerte no estuvo de nuestro lado al cien por cien.

El otro macho pareció tranquilizarse un poco y se ajustó el cinturón del pantalón para luego carraspear.

—Bien, supongo que me dejé llevar un poco cuando Tohrture me entregó el informe y vi la firma del chico al final.

A Tohr le dieron ganas de pegarle un buen puñetazo al tipo, ¿es que no podía dignarse a mirarlo? ¿No le parecía que ya era suficiente con el desprecio de su padre, Hharm? Había pasado la transición y había sobrevivido al campamento de guerra del Sanguinario, ¿qué más tenía que probar?

Sintió la mano de D posarse en su hombro, un peso asegurador que le calmó algo los ánimos.

—Fuiste tú mismo quien me dijo que el chico necesitaría un whard dadas sus circunstancias, Aghony. Por eso le llevé conmigo a la misión. Además como todo macho con sangre de guerrero tenía que ser sometido a su prueba de acceso a la Hermandad.

No pudo evitarlo. Tohr simplemente no pudo evitar que la cabeza le girara a toda velocidad hacia el rostro de D, ¿prueba de…acceso a la Hermandad? ¿De qué coño hablaba? ¿Por qué no le había contado nada?

Miró hacía Aghony y vio que el macho estaba tan, o más sorprendido que él. Una de sus perfectas cejas rubias se alzó.

—¿No crees que es un poco pronto para eso, Darius? Sin contar que todos los Hermanos deberían estar presentes para avalar su acceso y…—el macho se paró en seco y los labios le formaron una fina línea de desaprobación.

Pero aunque las palabras no hubieran sido dichas, Tohr sabía exactamente lo que estaba pensando, pues era su propio mayor miedo: su padre nunca daría su visto bueno para que entrara en la Hermandad. Nunca. El macho lo despreciaba por el solo hecho de vivir.

Y una regla muy clara era que cuando un macho era propuesto como candidato a Guerrero, todos y cada uno de los Hermanos debían aceptarle. Sin decisión unánime, no había inducción.

Y la oportunidad de entrar en la Hermandad sólo te era dada una vez en la vida.

Por lo que él podía ir despidiéndose.

—No estoy diciendo que la proposición de inducción deba realizarse ya, sólo quería dejar claro que funciono como aval del chico —dijo Darius con seriedad—. Yo lo propongo como miembro en un futuro venidero.

Aghony asintió lentamente y esta vez sí deslizó la mirada por la forma de Tohr, claramente preguntándose qué había visto Darius, su Guerrero más prominente, en él para proponerlo con tanta seguridad y prontitud.

Pareciendo haber adivinado los pensamientos de su líder, D dio un paso hacia adelante, le tocó con firmeza el antebrazo y sonrió con serenidad.

—Cuando leas en informe, te darás cuenta.

Una vez se hubieron despedido de Aghony y salido de La Tumba, se giró hacia su whard, sentía una opresión en el pecho que no podía clasificar, pero dolía.

Tenía ganas de pegar a D, de abrazarle, de clavarle una daga por no haberle dicho nada sobre lo de la inducción, de bailar de alegría ante el hecho de que alguien creyera que él valía algo, de echarse a llorar.

—Yo…

El macho levantó una mano callándolo y siguió andando, dándole la espalda de manera que Tohr no tuviera que seguir luchando por enmascarar los sentimientos que surcaban su rostro.

—Tranquilo, hijo, sé cómo te sientes.

Frunció el ceño, la esencia de su cuerpo debió haber cambiado pues D se dio la vuelta y le guiñó un ojo.

—Eres un libro abierto, qué quieres que te diga. Tendrás que aprender a esconder mejor todas esas mariconadas.

Una sonrisa de gilipollas total se ensanchó poco a poco en la cara de Tohr, tenía tanto que aprender de este macho, de su…padre.

Realmente él…


—Buenas noches, Guerrero.

La voz parecida a campanillas de plata tintineando lo sacó de su trance con toda la suavidad del impacto de un camión. Con un pequeño saltó abrió los ojos y por poco se cayó al intentar ponerse de pie.

—¡Virgen Escriba!

Aunque no supo como estaba tan seguro, obtuvo la clara sensación de que bajo la capucha la Diosa estaba sonriéndole.

—No era mi intención pillarte desprevenido, pero me sorprendió volver a sentirte en el santuario de la Hermandad. Últimamente pasas mucho tiempo aquí.

—Me sirve para aclarar mi mente, para pensar.

—¿Y sobre qué tienes que reflexionar con tanta asiduidad y tan profundamente?

Alzó su mirada hacia ella y la respuesta le salió con extraña rapidez y sinceridad.

—Sobre la vida.

Sintió como la Virgen Escriba volvía a sonreírle.

—Ah, sobre la vida, Guerrero. Tan profundo como siempre. Pero, no te has planteado que la vida no tiene que ser reflexionada, sino vivida.

A Tohr se le vino curiosamente a la cabeza una de las frases filosóficas con las que a Lassiter le gustaba rayarle de vez en cuando: a veces la vida se nos pasa pensando cómo vivirla.

—Siempre te has caracterizado por tu gran poder de razonamiento, tu serenidad y tu capacidad de ver una salida, una solución, allí donde todos los demás fallaban —prosiguió la Diosa—. Pero de un tiempo a esta parte no veo esa poder en ti.

A veces ocurre cuando la vida es una perra cruel contigo, pensó.

La figura encapuchada negó suavemente con la cabeza y su resplandor disminuyó un poco.

—La vida no es un ente vivo dispuesto a dañaros, es lo que vosotros hacéis de ella. Yo os doté de libre albedrío, Guerrero, para que trazarais vuestros propios caminos a lo largo de vuestra existencia. No existe el destino, yo no soy el destino y no maté a tu shellan.

Tohr se sintió conmovido por la tristeza implícita en la voz de la Virgen Escriba y se planteó si, realmente, en algún rincón de su mente, había estado culpándola silenciosamente de la muerte de Wellsie.

—Tú, Tohrment, no dejes de tener fe en mí. Tú, de todos ellos, eras el único que no me había fallado.

—Y no he perdido mi fe en vos, Virgen Escriba —aseguró con una leve reverencia.

Ella dio un paso hacia él y, colocándole una luminosa mano bajo la barbilla, guió su rostro hasta que su mirada se encontró con la suya.

Analisse se había bajado la capucha y sus iris diamantinos le recordaban vagamente a los de Vishous.

—Observa Guerrero a la madre de tu raza y no me mientas.

Tohr sintió como se perdía en la mirada ancestral de la Diosa, y como ella le permitía beber un poco de aquella sabiduría que estaba más allá del tiempo.

—Puedo verlo en tus ojos con toda claridad, ver que has perdido la esperanza aunque estés decidido a recuperarte, ver el vacío en tu interior.

—Perdí a mi shellan, ¿cómo podría no estar vacío, incompleto? Soy una macho vinculado sin su hembra.

El resplandor de la Virgen Escriba comenzó a intensificarse una vez más, la luz blanca cubrió el cuerpo de Tohr poco a poco, llevando una sensación de paz a cada rincón de su ser.

Pero sobre todo, pasó por alto el hecho de que le hubiera hecho una pregunta directa.

—Ya no eres un macho vinculado, hijo. El vinculo se rompe cuando uno de los dos pasa al Fade. Ahora eres un vampiro en la flor de su existencia, pero que vaga sin más meta que vengar a alguien a quien ya no puede ayudar ¿por qué desprecias de esta manera el regalo de la vida que os otorgo a todos y cada uno de vosotros?

—No lo desprecio, simplemente ya no parezco saber qué hacer con él.

—¿Acaso no tenías una vida antes de tu Wellsie? ¿No disfrutabas de tu papel como Guerrero, de todas las aventuras y desventuras que corriste con Darius?

Mal ejemplo, pensó.

—Tampoco él está a mi lado ahora.

—¿Y por qué habría de ser ese Guerrero más importante para ti que cualquiera de tus otros hermanos? Ellos están igualmente dispuestos a amarte, cuidarte, dar su vida por ti. Yo vi su angustia, dolor y desesperación cuando les faltabas, Tohrment.

—Darius fue el padre que nunca tuve.

—Wrath, Rhage, Zsadist, Phury, Dhestroyer, Vishous, John y demás son la familia que nunca tuviste. Tu obstinación de anclarte al pasado no te permite apreciar aquello que colma tu presente. Y como bien sabes, todo se acaba. Estate seguro de no haber terminado tus días son haber disfrutado de aquello que los que te rodean pueden brindarte.

Tohr gruño para sí. Él mismo ya había llegado a todas esas conclusiones, pero no era tan fácil dejar el dolor detrás cada noche cuando se despertaba.

—No debes dejarlo atrás, debes aniquilarlo, borrarlo de tu existencia, desterrarlo a algún sitio donde ya no pueda dañarte y poseerte.

Y ella no dejaba de meterse en su pensamientos, pero… mierda, ¿y si había escuchado eso también? Joder, y eso y…. pfffffff.

La risa de la Diosa sonó totalmente angélica y su mano, que no había abandonado la barbilla de Tohr, trazó un lento recorrido por su rostro, acunándolo como la haría una madre.

—¿Están…—tragó saliva y cerró los ojos—, están ellos bien?

—Eso es una pregunta directa, Guerrero —le regañó—. Y una que no debo responder. Pero sabe nuestros seres queridos viven en nuestro recuerdo. Procura que sea solo lo bueno lo que perdure en tu memoria.

La presencia y el toque la Virgen Escriba fue atenuándose poco a poco, como si estuviera desvaneciéndose frente a él.

Una voz como un eco lejano reverberó con suavidad en las paredes de la cueva.

—No lo olvides, Guerrero, ábrete al amor… en todas sus formas.

Cuando abrió los ojos estaba solo ¿y qué demonios significaba eso de “en todas sus formas”?

Con un bufido se desmaterializó en la mansión, realmente la sesión de hoy en La Tumba había sido productiva.

****


Cuando volvió a tomar forma en los terrenos de la Hermandad le sorprendió sentir en su piel la picazón de los primero rayos de sol que luchaban por despuntar, así que se apresuró dentro.

Conforme entraba por el recibidor de la mansión vio un cuerpo enorme pasar volando por delante de él, tirándose en plancha a por algo. Seguido inmediatamente de otro cuerpo a todo correr.

El ruido de ambas masas de carne colisionando fue ensordecedor y le produjo una mueca de dolor involuntaria.

—Y una mierda, poli —le llegó la voz de V—. Esa pelota es mía.

—Tú ya tienes las tuyas, egoísta de los cojones. Nunca mejor dicho.

La broma de Butch fue coreada por una carcajada general de aquellos que estuvieran presenciando la lucha de ambos machos.

—Eh, Tohr ¿dónde te habías metido? —le llegó la voz de Rhage—. Estos dos cabezas huecas han hecho una apuesta de…

Se quedó de pie frente a todos los Hermanos y sus shellans que lo miraban como si le hubieran crecido dos cabezas más y otro par de brazos y piernas.

—¿Qué? —preguntó incómodo, revolviéndose en su sitio.

—Macho, tienes que decirme la dirección de la clínica a la que has ido, yo también podría usar un poco de su magia embellecedora —dijo Butch señalando su nariz algo torcida.

—No sabía que te fueran los spas, mi hermano —le disparó V, luego miró a Butch—. Y lo tuyo está más allá de todo arreglo.

Touché. Aún así desde que me echo tu crema de noche anti–ojeras, he notado cierta mejoría.

V ladró una risa. Podía escuchar el cuchicheo de Beth, describiéndole algo a Wrath, aunque su tono se le hacía extrañamente frío. La enorme figura de Rhage soltó a su Mary y anduvo hacia él, haciendo círculos a su alrededor.

—Definitivamente, Mary, quiero unas pesas mágicas como las de Tohr para mi cumple ¿de dónde has sacado tanto músculo en el último día? ¿Y qué te has hecho un lifting, alguna mascarilla chunga? Tienes la piel brillante y suave como un puto bebé —el tipo incluso alzó una mano y la se la pasó por la mejilla.

—¿De qué mierda estáis hablando todos? —dijo molesto, quitándose al vampiro de encima, se dirigió al espejo a paso rápido más cercano.

Y se quedó con la boca abierta. Sagrada Madre en el Fade ¿qué le había hecho?

Su cuerpo estaba como antes. Cada onza de músculo estaba de vuelta, su pelo era una vez más espeso y lustroso aunque un poco más largo de lo normal diría él, su piel presentaba un brillo sano de tonalidad tostada y atractiva. Pero sus ojos habían experimentado el cambio más espectacular. Eran exactamente de la misma tonalidad azul marino que antes, aunque ahora tenían todo el brillo de antaño, cuando era… feliz.

Se llevó una mano temblorosa al rostro y luego la bajó, apretándola en un puño. Pudo sentir la fuerza bruta en cada uno de los tendones y fibras de su brazo y estuvo seguro de que Lassiter a no podría volver a patearle el culo en el combate cuerpo a cuerpo.

Se sentía más vivo que nunca.

—¿Cápsulas temporales rejuvenecedoras…? —se escuchaba de fondo a Rhage

—¿Una pequeña visita, supongo?

Tohr enfocó la vista en el lugar vacío hace unos segundos y allí estaba el ángel sonriéndole como nunca le había visto hacerlo. Por una vez no estaba siendo un completo idiota, parecía genuinamente encantado del cambio en Tohr.

—Sí, bueno, yo… no tengo la menor idea de qué ha pasado. Tuve una charla con la Virgen Escriba.

—No hace falta que le des muchas vueltas —el tipo negó con la cabeza cortándole—. Lo hecho, hecho está y lo mejor es que ahora aproveches este nuevo don.

—Que místico — Tohr sonrió con cierto nerviosismo y volvió a contemplarse en el espejo.

Se dio la vuelta para enfrentarse a su… familia, probó la palabra tentativamente en su mente, y ver las expresiones de total felicidad en las caras de todos ellos, incluidos tipos duros como V, Z o Wrath le provocó una opresión en el pecho.

Durante un buen rato no se le ocurrió nada para decir, pero el Rey decidió romper el silencio.

—Bienvenido de vuelta, mi hermano —sonrió como un hijoputa.

—Por segunda vez —gruñó Zsadist y rodó lo ojos, aún así, la diversión era clara en su mirada amarilla.

—Seguro que ahora quiere una jodida tarta —masculló V.

—¿Alguien ha dicho tarta? ¿Comida? —se esperanzó Rhage.

—¡Tío, comes como un puñetero diplodocus! —Butch le dio un puñetazo en el hombro.

—Soy un chico grande —se excusó el rubio. Su sonrisa pícara dejó claro que el comentario iba con doble intención. Butch puso cara de asco.

—Eeeeew.

Tohr, que estaba totalmente estupefacto por las calurosas reacciones de sus hermanos, sintió como de repente un par de esbeltos brazos lo rodeaban y luego otro, y otro más. Hasta que todas las shellans lo estaban abrazando a la vez y murmurando cuán contentas estaban de que su milagrosa mejora.

—¡Cabronazo, ahora que tiene pintas de modelo de GQ se lleva a todas las hembras! —se carcajeó Vishous.

—Corre, metamos algo de testosterona ahí en medio antes de que empiecen a pintarle las uñas y rizarle las pestañas —observó a Butch darle un codazo y todos los Hermanos se acercaron junto con ellos para unirse al abrazo colectivo.

—Macho, como siento el amor aquí —Rhage los apachurró a todos aún más y recibió una serie de improperios.

Las palabras de la Virgen Escriba resonaron en la cabeza de Tohr: “ábrete al amor, Gurrero.”

Jodida mierda, predicciones.

Pero no podía dejar de sonreír y… ¿Realmente sentía los ojos algo húmedos? Mierda.

Rehv


¡Aquí otro vídeo sobre el symphath de ojos amatistas!

14 jun. 2011

Rehv por Anyae


Alba me ha mandado al correo este dibujo de Rehv realizado por Anyae. Con todo el lío de los exámenes, ¡casi se me pasa subirlo!

© Anyae

Cita nº3.


"—Mi color favorito es... el amatista".

Ehlena a Rehv en Amante Vengado, capítulo 37, p. 399

Rehvenge y Ehlena


LadySella ha tenido que buscar mucho para encontrar un vídeo medianamente bueno. Es extraño que haya tan pocos vídeos de Rehv, teniendo en cuenta las pasiones que levanta, ¿cierto?

¡Os dejo con el vídeo que me ha pasado!

13 jun. 2011

¿Quién es Rehv? Fase II


Llega la hora votar. Os recuerdo que en los modelos repetidos, prevalece la persona que lo propuso antes. Dicho esto, tenéis hasta el 29 de Junio para votar. El método para votar es el de siempre: se eligen tres modelos y se le da a cada uno una puntuación (3, 2 y 1). No se puede votar por el modelo que uno mismo ha propuesto y si no se sigue este método de puntuación (la repartición de los puntos a tres modelos diferentes) los puntos no se tendrán en cuenta.

SÓLO podrá votar en el blog aquella persona que tenga cuenta blogger. Quien no tenga cuenta blogger, puede votar comodamente a través de blackdaggher@gmail.com, mandando un correo con sus votaciones.

Por último, tened en cuenta la descripción de Rehv y no os dejéis llevar por preferencias personales que no tienen nada que ver con la descripción original.

¡Suerte a todos!

Candidatos:

Marisa (Lamindy):
Mark Salling


Leonor:
Jared Leto

David Beckham


Niusa:
Noah Mills

Henry Cavill


Faniita:
Marco da Silva


Ale:
Paul Marron

David Gandy


LadySella:
Desconocido 1

Adam McEvilly


Mary Madonna Luce:
James Guardino

Darek Miroslaw


Paula:
Frank Iero

Desconocido 2


Lira:
Gaspard Ulliel


Maribocha:
Eric Dane


Jade:
Wes Bentley

Cayetano Rivera


Anónimo:
Kellan Lutz


MissBoss:
Abel Ljoka


PEKIS0526:
Desconocido 3


Nyra:
Robbie Williams


Danger:
Channing Tatum


Daniella:
Ian Somerhalder


Estherlin:
Ricky Martin

Keanu Reeves


Pilardc:
Cristiano Ronaldo


Dailenes:
David Boreanaz


*Nota: Revisad que todo esté bien.

Primera Novela de Karol Scandiu


Me alegra poder comunicar esta noticia en el blog: Karol Scandiu acaba de autopublicar su primera novela y seguro que todos estáis dispuestos a darle una oportunidad, ¿verdad?

Os dejo con la sinopsis de ErótiKa:

Ocho protagonistas, cuatro historias...

Amor y deseo llevados hasta el límite, dispuestos a romper barreras y luchar por ser felices sobre todo lo demás.

En las páginas de ErótiKa, un viaje más allá del erotismo, uniendo las historias, vivencias, sueños y temores de los protagonistas que harán que sientas cada paso de su camino.

¿Puede el amor y el deseo prevalecer sobre lo que la sociedad considera correcto?

¿Se puede amar sin importar qué o quiénes estén en contra?

¿Puede un corazón y alma mutilados, volver a creer en el amor?

¿Qué serías capaz de hacer por amor?

Ésas y muchas otras preguntas encontrarán sus respuestas en las páginas de ErótiKa. Historias plagadas de romance, dulzura, seducción y erotismo, que te conducirán a través de risas, lágrimas y suspiros, más allá de cualquier otra historia que hayas leído.

Déjate seducir por ErótiKa, y entenderás porqué el amor, no entiende de límites.


Para adquirir la novela puedes hacerlo de dos formas:

EN PAPEL

EN FORMATO ELECTRÓNICO

9 jun. 2011

Crítica de Amante Vengado por LadySella


LadySella se estrena en esto de las críticas... ¡y vaya cómo lo hace! Es la primera vez, pero seguro que no será la última. ¡Ve afilando los deditos para Amante Mío!

Crítica
Séptima entrega de la serie La Hermandad de la Daga Negra. Si la historia estaba a punto de dar un giro de 180º grados, respecto a la guerra entre los Hermanos y los Restrictores, en este libro se nos desvelará mucha más trama pero sobre todo el relato de un gran desconocido y misterioso personaje que ha estado presente en casi todos los demás tomos haciéndonos la boca agua muertitas por saber, por desvelar quién es o que trama. Rehvenge, presunto hijo de Repoom y digo presunto adrede porque para descubrirlo... ya sabéis a leeer

Como es habitual al estilo de Ward, en esta misma trama se mueven varias subtramas tan importantes o más que la historia en sí, porque todo tiene que ver, todo es necesario y, a mi entender, nada desechable o puesto al azar. Porque la pluma mágica de esta increíble autora, produce magia sin igual.

Por un lado vamos a conocer los entresijos de la vida de Rehv y destaparemos a una nueva dama con la cual muchas mujeres nos vamos a identificar porque quizás es la que más se acerca a todas esas fantasías que se puedan tener en la vida real de una misma.

Si leíste la sexta versión recordarás a la enfermera que con arrojo desterró el miedo y procedió con una mente fría y fuerte a ayudar a los que no podían valerse por sí mismos para escapar. Si no has tenido aún el placer de leer esa entrega, te la presento ahora mismo: Ehlena hija de Alyne, enfermera en la clínica de Harvers.

También sabremos, y esta parte me ha encantado, más sobre los Reyes de la Raza, Wrath y Beth su reina mestiza, protagonistas de la primera entrega de la Hermandad, Amante Oscuro. Y por último profundizamos en la próxima octava entrega Amante Mío cuyos protagonistas, entre otros, serán Tehrror y Xhex.

Empecemos a picar un poco en todos los puntos claves...

Rehv siempre presentado como un hombre frío, de negocios, un superviviente entre los pecados de la humanidad. Condenado a mantener un gran secreto si quiere seguir siendo visto como persona, debe enjaular sus instintos bajo el velo de la Dopamina, una droga de preinscripción médica que logra inmunizarle de sus propios instintos, de su cuerpo, de su mente, enjaulando a la bestia que ha de sujetar constantemente. En una de esas visitas a la clínica tiene el placer de conocer a Ehlena, una enfermera arrojada y, aunque temerosa, resuelta y capacitada para todos menos enamorarse del Devorador de Pecados.

El cortejo se produce lentamente, pausado, seguro como la llama de una vela incandescente entre toda la oscuridad que ambos han de guardar para sí mismos. Esa llama será todo a lo que podrán sujetarse para seguir teniendo esperanza y fe en que merecen hallar todo lo que creen necesitar.

Ehlena, arrancada de la vida que conocía dentro de la asquerosa y superficial Glymera, por una trampa hacia sus padres que los arrojo a la miseria se encuentra que sólo ella se atreve a entrar a visitar a ese paciente al cual todas rehúyen ese vampiro grande, temeroso que despide una sensación cáustica y malévola y se muestra engreído con su bastón rojo y su gran abrigo negro de marta sibilina. El choque es emocionante y Ehlena logra hacerle frente con gracia y valentía aunque sin poder evitar sentir una adoración sin explicación hacia ese fuerte torso musculoso, toda esa piel dorada y templada marcada con esas estrellas tatuadas en cada pectoral y esos ojos intensos, brillantes del color de las amatistas.
¿Quién es Rehvenge?

¿Qué esconde?

¿Se atreverá a dar el paso?

Una tarjeta con un número de móvil que jamás recoge de la mano de ese extraño queda en el fondo de la papelera de esa sala de visitas exteriores...

¿Qué? ¿Intrigadas? No puedo desvelar más, ¡¡es que no puedo!! Sólo os aseguro que será apoteósico, doloroso, cruel pero con un resultado maravilloso.

Para ser justa con todas las partes antes expuestas, la trama con Wrath será dolorosa, yo he sufrido como una posesa pero necesaria para sentar por fin al Rey en su Trono y os adelanto que será gracias sobre todo a su adorada reina pero también gracias a la ayuda de George y Payne. Sí, si, Payne. Y sobre George si que no voy a decir nada, me lo guardo porque me encanta!

En cuanto a Tehrror, tengo que confesar que lo que he leído en esta entrega me ha roto un poco el concepto que tenía de este macho pero entiendo que es necesario para crear al Guerrero que pronto hará su aparición. Rodeado por sus dos inseparables compañeros de correrías, Qhuinn y Blay, seguirá su instinto de reclamar a la hembra que desea tener yaciendo en su cama, debajo o encima, eso es negociable! El problema es que la hembra en cuestión no es que esté mucho por la labor o ¿es eso lo que quiere aparentar? ¿Qué siente Xhex bajo esa capa de chica dura e inflexible?

Nuestro amado John dará el paso hacia la madurez total con sus pros y sus contras, se arrancará así mismo de todo lazo emocional y romperá su unión con su querido padre adoptivo Torhment para volar solo hacia Amante Mío.

Acabando ya sólo me queda daros las gracias a todas por deteneros a leerme, para mí es mi momento del día preferido, saber que lo que intento escribir es del agrado de alguien y que con mis palabras logro transmitir lo que siento cuando leo una novela.

Solo me faltó, y quiero convertirlo en un clásico, añadir uno o dos temas de música que me hacen revivir lo que he leído o que se identifican para mi con la novela en cuestión.

Bien para Revh tengo estos dos del grupo 30 Seconds to Mars:

Beautiful Lie para expresar el combate interno que Revh siente cuando se enamora de Ehlena.


A Modern Myth, para cuando el sueño queda hecho añicos.

Espero que podáis sentir lo mismo que yo sentí y de nuevo gracias

Valoración: 9/10

¿Estás de acuerdo con esta valoración? ¿No lo estás? ¡Comparte tu opinión!

8 jun. 2011

Cita nº2.


"—(...) y seguro que hay otros indicios de que estás lista para mí. ¿Estás lista para mí, Ehlena?".

Rehv a Ehlena en Amante Vengado, capítulo 29, p. 310
(Cita propuesta por Ale)

Juego de re-emparejar [kimera kimera]


Estos son los re-emparejamientos de kimera kimera:

Wrath y Payne: ambos son luchadores, y estoy segura que contra ellos ningun lesser podria hacer nada. ademas despues de la tormenta llega la calma. estoy segura que lo pasarian genial dos guerreros en la cama.


Zsadist y Mary: Mary necesita que la cuiden ademas es obvio que sabe entender a la gente que lo ha pasado mal y de hacer que superen sus traumas, ademas me encantan juntos, ella lo escucha, le enseña a leer y a escribir, Zsadist sabe proteger a la gente, no solo tiene un lado salvaje, también tiene un lado muy tierno.


Rhev y Marissa: el siente algo por ella eso se notaba cuando la alimentaba, el es fuerte y protector y estoy segura que la hubiese ayudado a encontrar su propia fuerza. se que parece raro, pero a pesar de lo que parece Marissa no es nada superficial, ella se siente fea, y creo que el, le enseñaría lo hermosa que es, ademas, la pobre se merece que la adoren, después de estar tanto tiempo con alguien que no la amaba.


John y Cormia: ella es realmente inocente, y el es un gran guerrero que necesita sentirse util, seria genial verlos juntos a estos dos. Ademas me gusta mucho cuando estan juntos viendo pelis, se sienten comodos. y estoy muy segura que el seria realmente tierno y estaria mas que duspuesto a enseñarle las cosas de este mundo. todas las cosas.


Manny y Elhena: me encantaría verlos juntos, ambos comparten el amor por la medicina, ambos son fuertes, creo que harian muy buena pareja.


Phury y Bella: el estaba coladito por ella, ademas ella consiguio salvar a Z, seguro que conseguria salvarlo a el también. el pobre lo ha pasado fatal, por mucho que intentaba hacer, siempre intenta salvar a los demas por que cree que el no tiene salvacion, estoy segura que Bella, sabria cuidarle y demostrarle que es hora de que se cuide y deje a los demas a levantarse solos.


Rague y Jane: lo he estado pensando mucho y creo que ( nuestra amiga PayneVishous tiene toda la razon) Rhage necesita a alguien que le de caña, y Jane es muy fuerte e inteligente y se que sería capaz darle mucha guerra y domesticarlos a los dos a el y a la Bestia. Y ella se lo pasaria genial con la sinceridad y tonterias de el, estoy muy segura que el le haria reir.


Butch y Beth: en el primer libro se ve como el la quiere, se busca el pobre lios solo por protegerla, ambos se sienten mal en su vida como humanos y cuando nacen como vampiros se sienten en casa, ambos son nuevos en ese mundo y podrian apoyarse el uno al otro, estoy segura que son una pareja explosiva.


Vishous y Xhex: se que es una locura, pero los dos tienen un pasado terrible, los dos son raristos, cosa que me encantan, por que son diferentes, no les importa romper el molde y no ser como lo demas, eso los hace unicos, ademas quien no a imaginado a esto dos en el atico con unos latigos.

3 jun. 2011

¡Ward nos hace la boca agua!


No hay nadie como Ward para ponernos los dientes largos, ¿verdad? Aquí os dejo con la cita de ENVY que ha publicado en su FB:

De hecho, cuando se trataba de depilación, todo lo que él tenía era una raya oscura que iba desde su ombligo hasta su...

Ya sabes, tal vez el tamaño sí importaba, pensó.

2 jun. 2011

¿Quién es Rehv? Fase I


Llega la hora de elegir al symphath más sexy. Desde hoy hasta el 12 de Junio tenéis de plazo para proponer modelos.

Os dejo una pequeña descripción:

"Sí, ese sujeto tenía algo de El padrino, con esos trajes a rayas, ese peinado y esos ojos color amatista que parecían decir no-me-jodas-si-quieres-seguir-respirando. Y también era cierto que, cuando estaba en una sala de reconocimiento con él, sentía el impulso de mantener los ojos puestos en las salidas, alerta por si necesitaba salir corriendo. Y también estaban esos tatuajes que tenía en el pecho... y el hecho de que siempre tenía a mano el bastón, como si no fuera sólo una ayuda para caminar sino un arma". Amante Vengado, capítulo 5, p. 63

"El macho era como una cobra; era verdaderamente... hipnotizante porque era letal y también porque era hermoso. Con ese corte de pelo mohawk y esa cara dura y astuta, y ese cuerpo enorme, era todo sexo, poder y misterio, todo envuelto en... Bueno, en un traje negro a rayas que evidentemente debían de haberle hecho a medida". Amante Vengado, capítulo 5, p. 65

¿Cómo mandar la imagen o proponer modelo?
1. Podéis dejar el link de la imagen o el nombre justo aquí abajo, en los comentarios.
2. Podéis mandar las imágenes al correo blackdaggher@gmail.com

Es conveniente que siempre que sepáis el nombre del actor, modelo, etc. lo pongáis. Si no lo sabéis, seguro que entre todos logramos averiguarlo.

Os recuerdo que SÓLO se puede proponer 2 candidatos por persona.

¿Quieres ser quién le ponga cara a Rehv? ¡Participa!

Cita nº1.


"—¿Quiere que abra la boca ya?".

Rehv a Ehlena en Amante Vengado, capítulo 5, p. 65

Mes de Junio, Libro de Rehv


¡Y por fin llega Rehv! Sé que muchos de vosotros estabais deseando que llegase su mes, ¿cierto? ¡Pues ya ha llegado! Y preveo que este va a ser un mes muy, muy caluroso.

Como siempre, os animo a participar con críticas al libro, opiniones, escenas para recordar... todo lo que se os ocurra. ¡Y espero que lo hagáis! Os recuerdo también que todo aquel que esté interesado en mandar algo puede ponerse en contacto a través de este correo blackdaggher@gmail.com.

Y aquí os pongo nuevamente la dedicatoria de J.R. Ward a Rehv:

DEDICADO A TI.
LAS PALABRAS BUENO Y MALO NUNCA HAN
SIDOTAN RELATIVAS COMO CUANDO
SE APLICAN A PERSONAS COMO TÚ.
PERO YO ESTOY DE ACUERDO CON ELLA.
PARA MÍ, TÚ SIEMPRE HAS SIDO UN HÉROE.

Llamada para recogida de firmas


Ester (o LadySella como se conoce por aquí) está recogiendo firmas para que la editorial Manderley vuelva a reeditar los libros de la serie de Shannon McKenna, que han quedado descatalogados, y traduzca los que han quedado pendientes desde 2009.

Es verdad que la Hermandad nos vuelve locos, pero siempre hay un hueco para leer otras series y libros. Y, sobre todo, para apoyarnos los unos a los otros.

¡Pasad a firmar y hágamos posible esto!

FIRMAS PARA REEDICIÓN Y PUBLICACIÓN DE SHANNON McKENNA

1 jun. 2011

Amante Renacido: capítulo 3 por Neï


Aquí vamos con otro nuevo capi, espero que les guste tanto como los otros y MUCHÍSIMAS GRACIAS por todo el apoyo que me estáis dando :D

Bien la introducción a este va a ser muy corta, no solo porque hay demasiadas cosas que decir, sino también porque estoy en época de exámenes y hasta arriba de temario :( Sin tiempo para nada, vamos. La universidad es lo que tiene.

En este capi hay un poco de todo, les hablo un poco más sobre la situación de Wrath y Beth, hay un flashback que creo que encontrarán especialmente interesante y, sobre todo, la introducción de los malos–malosos.

Ya me dirán si se lo esperaban. ¡Las dejo leer en paz!

BESOTES

Neï.


AMANTE RENACIDO
Capítulo 3. Intacta.

{Me han dado las palabras para escribir la historia de mi vida, pero permanezco sin ser leída.}
J. R. Ward.

{¿Uno va llevando la vida, o la vida se lo lleva a uno por delante?}


Layla se revolvió en sueños. Hacía calor, demasiado calor. Las sábanas parecían demasiado ásperas contra su piel hipersensible. Las apartó de su cuerpo de una patada.

Notaba su respiración agitada, su pecho subiendo y bajando a al compás de sus pequeños jadeos. Las suaves yemas de sus dedos se dirigieron hasta la vena en el costado de su cuello, palpando el torrente sanguíneo que fluía a toda velocidad bajo las finas capas de piel. Sus colmillos se alargaron, clavándose en su lengua.

Semi–consciente se dio la vuelta, quedando boca arriba. El aire fresco de la habitación endureció sus pezones instantáneamente. La suave brisa le hizo cosquilla en las piernas y entre los muslos. Siempre había dormido desnuda, era más cómodo.

Con lentitud abrió las piernas, estirándolas, volviendo a flexionar solo la derecha. Muy despacio, la mano que estaba en su cuello comenzó a descender por su cuerpo: pasando por su clavícula, haciendo un perezoso círculo alrededor del pecho izquierdo y dando un juguetón pellizco al pezón, acariciando su plano vientre, notando el hueso de su cadera izquierda y…

Ah.

Su espalda se arqueó en el colchón cuando su mano encontró su centro, sus dedos aventurándose entre sus pliegues con delicadeza, encontrando el punto que estaban buscando y aplicando una suave presión en forma de experto masaje. Cuando se notó lo suficientemente húmeda se dispuso a…

En su imaginación vio surgir una figura masiva, masculina, elevándose sobre ella. Comenzando por sus piernas, observó los duros y afilados planos de su cuerpo, como sus tonificados y bien formados músculos se redondeaban o aplanaban exactamente donde debían.

Como siempre su sexo la hipnotizaba. Erguido orgullosamente, la desafiaba a estar preparada para él, apuntando hacia ella con su rosada cabeza.

Subiendo un poco más, se deleitó en su escultural torso, al menos ella lo encontraba así. Estaba un poco delgado, sus costillas marcándose dolorosamente, pero a pesar de aquello la potencia de su cuerpo era obvia. Sus brazos le parecían hechos para abrazarla, alzarla, tomarla y darle todo cuanto una hembra pudiera desear.

Con ojos ávidos alzó la mirada hacia su rostro.

Oh, no, ese sueño de nuevo no.

El rostro de su amante onírico era imposible de distinguir en la penumbra de la habitación, es más parecía como si él mismo quisiera esconderlo de ella. Con un jadeo de frustración, comenzó a retirar la mano de entre sus piernas.

—No —se paró en seco, como siempre hacía, e intentó descifrar su voz.

La cadencia y tono le eran muy familiares, y aún así no conseguía situarlo. El matiz rasposo siempre la excitaba aún más.

Decidiendo seguir con el sueño con la esperanza de que esta vez su identidad le fuera desvelada, abrió las piernas más ampliamente, dándole una clara visión de su deseo por él.

Su amante se acercó a ella con los fluidos y elegantes movimientos de un depredador, un suave gruñido formándose en el centro de su pecho. Con sus enormes, pero delicadas manos apoyadas en sus rodillas, le separó las rodillas al máximo y la miró fijamente. Aunque ella no podía ver su rostro, sentía la caliente mirada clavada en su feminidad y no pudo más que estremecerse en anticipación.

Con tortuosa lentitud, el se agazapó entre sus muslos, enterrando su rostro en uno de ellos e inhalando su perfume. Su mejilla, ligeramente rasposa, le hacía cosquillas. Él pareció notarlo y se dedicó a arrancarle pequeñas risitas durante un rato.

Hasta que de repente algo blando y muy, muy caliente se presionó contra el sexo de Layla.

Oh, Sagrada Virgen, era su lengua, la hubiera reconocido en cualquier parte. Esa húmeda y abrasadora longitud.

Con suma lentitud comenzó lamerla, alternando suaves besos que poco a poco se tornaron más urgentes hasta que se empezó a devorarla. Ella se agarraba a su pelo, sus caderas, que parecían tener vida propia, se alzaban al encuentro de sus labios, presionándose contra ellos, pidiéndoles más. Por los ruidos que hacía, Layla podía decir que le encantaba que se moviera contra él. Aún así, el asalto no duró mucho, con un breve, pero intenso espasmo, su cuerpo se liberó, el placer disparándose por sus venas como fuegos artificiales… una y otra vez, hasta que le pidió que parara.

Con unos últimos suaves lametones, él se incorporó y se levantó de la cama.

La duda constriñó el pecho de la Elegida y estiró una mano hacia él, en una muda petición.

Pero como siempre, sólo repitió su nombre:

—Layla.

—Espera, ¿quién…?

Y sin más se disolvió en el aire, como si nunca hubiera estado allí, dejando tras de sí una exquisita esencia a especias oscuras.

Y a ella sola.

Se incorporó en la cama con brusquedad y notando su propia mano entre la humedad de sus muslos, la apartó de un tirón con hastío. Levantándose, fue hasta el baño y, tras encender la luz, abrió el grifo para echarse algo de agua fría en la cara.

Su reflejo en el espejo le devolvió la imagen de una hembra bien satisfecha tras haber gozado de un buen rato con su macho. Solo que en este caso dicho macho era un maldito producto de su imaginación.

Se mojó el rostro varias veces.

—Mierda —masculló y luego se llevó la mano a los labios y resopló. Se le estaban pegando algunas expresiones malhabladas de estar tanto tiempo alrededor de los Hermanos. Pero bueno, ya no era una Elegida totalmente pura y virginal.

Eh, un momento, quita lo de virginal. Seeeep. Eso seguía siéndolo.

—Por lo que parece ni tu macho imaginario quiere tomarte en sueños, ¿eh? —escupió.

Cerrando el grifo volvió a la cama, dejándose caer en el colchón con dejadez. En cuanto sintió el escozor de las primeras lágrimas formándose en sus ojos, se puso un brazo sobre ellos para evitar que salieran.

Estaba harta del limbo en el que vivía: siendo de ayuda, pero sin poder echar una mano en cosas realmente importantes. Siendo tocada, pero no tomada. Amando su función como Elegida, pero sintiendo que había algo que le faltaba.

Sin mencionar toda su formación como ehros malgastada.

Seamos sinceras, se dijo a sí misma, es el hecho de que sigas siendo virgen lo que más te molesta.

El sire Qhuinn era muy atento y siempre que ella acudía a la mansión para darle su vena, él la recompensaba con una calurosa sesión una vez habían terminado. Le hacía todo y más de lo que amante de ensueño le hacía, sin añadir que le había enseñado muchas otras cosas. Pero nunca, jamás, la había tomado y la única vez que Layla se lo había siquiera sugerido, el macho se había puesto tan pálido que ella temió que se desmayara allí mismo.

Pero el sire era un macho de valor, de alta cuna y, al menos al parecer de Layla, sus ojos no le hacían defectuoso.

El defecto tenía que estar en ella. Sólo tenía que recordar al sire John Matthew…

Genial, como sus pensamientos siguieran este rumbo iba a hundirse aún más en su miseria y eso era lo último que le hacía falta.

Dejó vagar su mente hacia otros asuntos ¿Quién sería el macho de sus sueños? La preocupaba no saber su identidad, cada vez que la visitaba su rostro permanecía escondido y no conseguía obtener suficientes pistas de su cuerpo o su voz como para identificarlo.

Aunque había algo que le parecía muy, muy familiar: esa delgadez…

Estaba segura de que no era el sire Qhuinn. Lo cual la ponía nerviosa. Él era el único con el que había estado, al menos a su manera ¿por qué entonces estaba soñando con otro?

Como decían los Hermanos: no tenía la más puta idea.

Gruñó.

Sagrada Virgen, otra costumbre más. ¡Ella! Había gruñido, literalmente.

Pensó en sí misma. Las cosas, estaban cambiando.

****


Wrath se frotó el puente de la nariz antes de volver a bajarse las gafas de sol. Acababa de recibir una llamada de V y Butch. El Dúo Dinámico había estado de patrulla y ¿a que no sabes qué? Volvían con noticias miertásticas: dos civiles, hechos sushi en un callejón. Nada nuevo, ¿no? Entonces por qué cojones tenía esa sensación de ahogo en el pecho y, sobre todo, por qué le habían pedido que convocara una reunión urgente para cuando llegaran.

Con una maldición, pulsó asterisco cuatro y esperó a que Fritz cogiera el teléfono. Lo cual le llevo una milésima de segundo. Perdón, convierte eso en una millonésima.

—Su Majestad.

—Fritz, haz el favor de convocar a todos los Hermanos en mi despacho en 10 minutos, incluye a los chicos, ¿ok?

—Desde luego, Majestad.

Colgó.

¿Qué demonios habría pasado? Macho, la voz de V había sonado… preocupada. Como si el Hermano no estuviera seguro de cómo iba a explicar las cosas.

Con un gruñido de impotencia estampó un puño en la mesa. Joder, ¿acaso no podían dejar de pasar cosas malas?

A su lado escuchó un suave lloriqueo. Bajando la mano derecha, acarició las suaves orejas de George. Se había olvidado de que el perro estaba con él y probablemente lo había asustado.

—Lo siento, colega, pero es que todo esto es una mierda, una mierda enorme.

El perro le lamió la mano con suavidad por toda respuesta y a los pocos segundos se escuchó un golpe en la puerta.

—Pase.

Wrath sintió en su pecho las fuerzas vitales de Rhage y Tohr entrar en el despacho, distinguió los pasos de un tercero. Quien no podía ser otro que Lassiter.

—No recuerdo haberle pedido a Fritz que trajera bombillas de repuesto para el despacho —gruñó en dirección al ángel.

—Eh, tío, se siente. Como ya sabes, aquí culo–flojo y yo somos un dos por uno.

—Cierra el puto pico, bocazas —masculló Tohr, dándole un puñetazo en el hombro.

La respuesta llena de vete-a-la-mierda que Wrath se estaba preparando para escupirle al tipo, fue cortada por la entrada de Los Tres Mosqueteros: la silenciosa presencia de John y sus dos mejores amigos, y guardaespaldas, Qhuinn y Blay. Que por cierto ni siquiera se dirigían la mirada. Geniaaaaaaaaaaal. Otro asunto más para tratar, iba a tener que hablar seriamente con John y decirle que les pidiera a sus coleguitas que se dejaran de rollos, no los quería en el campo de batalla con esa actitud.

Zsadist fue el siguiente, dio un golpecito a John a modo de saludo y fue directamente hacia el escritorio de Wrath, marcando el número de su gemelo, Phury, de modo que estuviera en contacto con ellos.

—¿Qué ha pasado?—sonó la voz del Hermano desde el otro lado de la línea.

—Empezaremos en cuanto V y Butch estén aquí.—dijo Wrath por toda respuesta.

Y afortunadamente, los cabrones no los hicieron esperar demasiado. El poli, que tenía el rostro desencajado, entró seguido de V que no venía mucho mejor. Instantáneamente, el rey inspiró la esencia de Butch, pero el tipo estaba limpio. Aparentemente no había tenido que desarrollar su papel de aspiradora humana esta noche. Pero, ¿y el careto de V?

Una vez todos los Hermanos hubieron ocupado sus respectivos asientos, Wrath se dirigió a este último:

—¿Por qué cojones tienes cara de haber visto un maratón de Saw dos veces seguidas?

El macho miró a Butch de reojo, se quitó la gorra de los Red Sox y se pasó su mano enguantada por el brillante pelo negro. Tomó aire preparándose para hablar.

—Venga, tío, que no te estás preparando para soltar un soliloquio o alguna mierda así —interrumpió Lassiter.

Mala idea. Jodida mala idea.

V se giró sobre sus talones y se lanzó por el tipo tan rápido que Butch y Rhage apenas tuvieron tiempo de bloquearlo.

—¡NO ME JODAS, GILIPOLLAS DE MIERDA!—bramó el Hermano, que muy pocas veces perdía la compostura—¡SI VUELVES A ABRIR LA PUTA BOCA PARA SOLTAR CUALQUIER ESTUPIDEZ DE NUEVO, TE JURO QUE TE MATO!

Rhage y Butch estaban teniendo serios problemas contener a V, lo cual teniendo en cuenta la fuerza y tamaño del Hermano rubio ya era decir algo. Wrath estampó el puño con resolución sobre su escritorio por segunda vez esa noche. Ups, hubiera jurado que la cosa había crujido.

—¡BASTA YA! —taladró con la mirada a cada uno de los presentes a pesar de no poder verlos—Vishous, planta tu culo en ese sofá y explícame qué coño ha pasado. Y tú —señaló a Lassiter—, cállate la puta boca o V no podrá matarte, básicamente porque lo haré yo primero, ¿queda claro?

Cuando el silencio volvió a hacerse en la habitación, le hizo una seña con la cabeza a V que se aclaró la garganta.

—El poli y yo estábamos patrullando la zona oeste de Caldwell. Todo estaba tranqui, una mierda la verdad, ni un restrictor a la vista. Pasamos cuatro horas dando vueltas y nada de nada. Entonces decidimos hacer un segundo rastreo antes de volvernos a la Guarida muertos de asco. Ya acabando, pasamos por una zona residencial donde nos consta que viven algunos civiles. Suele ser una zona tranquila, allí apenas hemos tenido encuentros con restrictores, a lo sumo dos o tres veces. Como última esperanza, volvimos a peinar los callejones de la zona y entonces los encontramos —V jugueteó nerviosamente con la gorra—. Joder, Wrath, era una puta carnicería.

Butch retomó el relato.

—Eran dos civiles. Un macho y una hembra, de unos 30 y pocos años. Estaban… despedazados. Hecho trizas literalmente. La sangre estaba por todas partes. V limpió la escena, ni siquiera pensamos en intentar traer los cuerpos, más que nada porque apenas quedaba algo que cualquier familiar suyo pudiera reconocer. Lo que sí pudimos recuperar fue una mano de cada uno de ellos.

Hubo un gruñido colectivo de los Hermanos.

—Hijos de puta...

—Pedazos de mierda...

—... mataré uno a uno.

Wrath frunció el ceño, ladeando ligeramente la cabeza, mientras repensaba el relato de los guerreros.

—¿Despedazados? Ese no es el modus operandi de los restrictores. Los cabrones prefieren abducir a los civiles y llevárselos a sus centros de entrenamiento para practicar su sadismo con ellos.

—Además —comentó Rhage —, ¿por qué se molestarían en hacerlos puré? Es decir, su objetivo es diezmar la población de vampiros, no hacer pinchitos morunos con ellos.

—Exacto — acotó Phury por el teléfono—. Tienen cosas mejores que hacer.

—No creo que a papi Omega le haga mucha gracia saber que están jugando a los médicos con sus presas —gruñó Z.

—¿Estáis totalmente seguros de que han sido los restrictores? —interrumpió la sereba voz de Tohrment.

Wrath se giró hacia Tohr, junto con todos los demás Hermanos, mirándolo como si tuviera un alien verde saliéndole de la cabeza.

—¿Cómo no iban a ser los...? —comenzó.

Solo para ser interrumpido por V, que había sacado un cigarro liado a mano y se lo fumaba como si le fuera la vida en ello.

—Ese es el punto, mi Señor —calada—. No sólo no es el procedimiento estándar de los hijoputas, sino que… los cuerpos, bien, las heridas parecían auto–infligidas.

El silencio que se hizo en el despacho pareció pesar una tonelada den el pecho de Wrath.

—Explícate —exigió.

—Había dos armas en la escena, dos cuchillos bastos, uno de ellos incluso parecía material de cocina, por la Virgen. Vistos de cerca, era obvio que las laceraciones habían sido hechas por las propias víctimas, al menos en un principio, el ángulo de algunos cortes era el propio de la auto–mutilación.

—¿Estáis cien por cien seguros de lo que decís? —él aún no acaba de creérselo. O no quería, en su defecto.

—Cuando intentas cortarte la garganta a ti mismo, haces un desastre. Especialmente si eres una hembra con brazos más cortos y débiles. Ella tenía un corte irregular de lado a lado del cuello, nadie que no fuera ella misma habría hecho un trabajo tan penoso —explicó Butch.

—Sin contar que lo único que pudimos recuperar fueron sus manos derechas, les faltaban todos los dedos de la mano izquierda. Simplemente ya no era capaces de mutilarse la otra —completó V.

El estómago le dio un vuelco de repulsión y comprendió exactamente el por qué de los rostros cenicientos de sus hermanos al llegar. Se aclaró la garganta antes de ser capaz de continuar.

—¿Entonces qué piensas que podría haber sido?

—Nadie se trincha a sí mismo, así como así.

—No —corrigió Tohr—. Nadie es capaz de mutilarse de esa manera por sí sólo.

—Ya te lo han dicho; luego se atacaron el uno al otro también —le dijo Rhage.

—Pero Tohr tiene razón —V movió la cabeza de lado a lado—. No podían estar en sus cabales para hacerse eso a ellos mismos, sus mentes no podían… estar bien — explicó Vishous.

El corazón de Wrath se paró en seco en su pecho, y un escalofrío recorrió su espalda. Se odió por la debilidad, pero si V decía lo que él creía que iba a decir… Estaban bien, bien jodidos.

—¿Qué insinúas, mi hermano?—le sorprendió el rasposo susurro de su propia voz.

El tono de voz de V era helado como un pozo sin fondo, al macho parecía estarle pesando tanto como a él siquiera tener que barajar esta hipótesis.

—Insinúo, que creo que tenemos que llamar a Rehvenge.

Mierda. Santa.

Lo sabía.

****


Mientras bajaba por el pasillo en dirección a su habitación, Wrath sentía como si su cabeza se estuviera partiendo por la mitad… gracias a los golpes de un ariete de titanio.

¿Era la puta Ley de Murphy en plena acción o es que la mierda tenía venir toda junta?

Hola, Wrath, hemos venido tooooodos a darte por culo a ti solito”.

De. Puta. Madre.

Cruzó los muchos corredores que llevaban hasta la habitación que compartía con Beth y entró intentando hacer el menor ruido posible. George iba delante de él con sigilo, como si también supiera que tenía que ser cuidadoso.

Su shellan no había estado sintiéndose muy bien últimamente y necesitaba reposar. Según Havers era algo normal en las semanas anteriores la primera necesidad de una hembra. Pero a él le daba un miedo del carajo.

Sagrada Virgen, sólo pensar que algo malo pudiera pasarle a su Beth...

La habitación le pareció vacía en un primer momento, hasta que oyó el suave murmullo del agua de la ducha corriendo en el baño. Decidiendo no molestarla, dejó que el perro se acomodara donde quisiera y se quitó las gafas de sol y la chaqueta de cuero, para luego dejarse caer con fuerza en la enorme cama. Se masajeó las sienes con movimientos circulares y gruñó.

Realmente había pensado que tras su episodio permanente de no-veo-una-mierda, las dichosas migrañas iban a dejarlo en paz, pero aparentemente era propenso a estas mierdas y cualquier cosa que lo alterara traía consigo un combate a muerte entre sus meninges.

Viva. Él.

Lo peor era que el dolor no remitía hasta pasadas unas buenas horas, así que mejor intentaba distraerse o la mala leche que llevaba en el cuerpo iba a jugarle una mala pasada. Como siempre, explotaría cuando no debía, y sobre todo, con quien no debía.

Oyó la puerta del baño abrirse y el perfume del la limpia piel de su compañera flotó hasta sus fosas nasales, llenando su canal olfativo de pura ambrosía. Y joder, si eso no disminuyó su cabreo y dolor.

—Hola, leelan —ronroneó.

Desde que sabía en qué estado estaba ella, Wrath había estado tratándola con sumo cuidado, como si fuera una muñeca de cristal a punto de romperse. Estaba pendiente de ella 24/7, pero su shellan no parecía estar muy feliz con su conducta de perma–esclavo.

—Hola, Wrath — el cansancio en su voz de terciopelo era obvio y él volvió a preocuparse.

Realmente ella tenía tanta o más energía que antes, lo que parecía ser justamente el problema. Ese derroche de fuerza la agotaba. Según el puto médico se debía a que esa energía debería ser gastada por él (con él) en vez de fundirse y quedar rebotando dentro del cuerpo de la hembra. El macho debía servirla de manera que ella fuera capaz de sacar su “fuego interior”.

Virgen, casi le parecía oír la vocecita del hijoputa: “Es perfectamente seguro, Su Majestad, la necesidad no más que otro ciclo biológico de nuestra especie”.

Seguro sus pelotas. La necesidad era una asesina, la única manera en que no era peligrosa era si la hembra no se quedaba embarazada. Cosa que NO iba a pasar con su Beth. Ni pensarlo. Jamás. No estaba preparado siquiera para imaginarse que le sobreviniera algún daño, mucho menos ser partícipe él mismo de aquello que pudiera provocárselo.

Ni. De. Coña.

—¿Cómo te sientes hoy?—palmeó las sábanas a su lado, de modo que ella se sentara junto a él. Cuando el colchón recibió su suave peso, le pasó un brazo por los hombros, notando que llevaba puesto un ligero albornoz.

Vaya, la cabeza estaba dejando de dolerle… probablemente porque la sangre estaba viajando con rapidez hacia otro sitio.

—Bastante bien, tenía algo de calor, por eso decidí ducharme.

Le acarició la mejilla con el dorso de la mano, y sonrió amargamente ante su actitud algo tensa. Deslizando la mano hasta su nuca la atrajo hacia sí para besarla suavemente. Los labios de ella le respondieron con eficacia. Y punto.

Decidió intentarlo un poco más. Sacando la lengua, deslizó la punta a lo largo de su labio inferior, su mano comenzando a bajar de su cuello a su clavícula, más, a su pecho.

Hasta que Beth se retiró bruscamente, cerrándose con fuerza el albornoz.

—Ahora no, acabo de ducharme y me apetece leer algo, además le he prometido a Bella que cuidaría de Nalla. Tiene que ir a la clínica para un chequeo y Zsadist está de rotación.

Wrath gruñó en frustración ¿es que la hembra de su hermano no tenía mejor momento para pedirle a Beth que cuidara de la pequeña? Puta Ley de Murphy. De todas maneras no le hacía la más mínima gracia. Nalla era un amor, pero cuidar de una cría requería esfuerzo y ahora mismo su shellan no estaba para eso.

Incorporándose en el colchón, objetó:

—¿No puede ir nadie más? No quiero que hagas nada que te fatigue.

Ella se dio la vuelta, enfrentándolo, podía sentir su mirada clavada en su rostro.

—Sólo porque pienses que puedo caerme muerta en cualquier momento o lugar, no significa que vaya a hacerlo y, desde luego, no pienso dejar de hacer cosas por estar cerca de mi necesidad.

—Ya has hablado con Havers, necesitas reposo. Sólo faltan unas dos semanas o así para que las hormonas se liberen.

Se frotó las sienes, la puta migraña estaba volviendo. Y, definitivamente, el sarcástico bufido de Beth no hizo nada por mejorarlo.

—Sabes perfectamente que no es reposo lo que necesito —se levantó de la cama—. Pero tú no pareces dispuesto a dármelo.

El macho vinculado en su interior rugió de ira ante la mera insinuación de no satisfacer correctamente a su hembra.

—Eso no es verdad —gruñó desde la cama, pero no oyó respuesta de Beth. Seguía sin oírla.

Aún no.

Parecía estar revolviendo los cajones y el armario, como si estuviera intentando decidir qué ponerse.

Con un poderoso movimiento se precipitó hacia ella, acorralándola entre el mueble y su enorme y duro cuerpo. Abrió la puerta mentalmente y silbó, de manera que George salió suavemente de la habitación. Con el mismo procedimiento, los encerró a ambos bajo pestillo.

—Nunca vuelvas a decir eso. Nunca ¿me oyes? —susurró eróticamente en su oído, mientras los punzaba delicadamente con un colmillo. Sus grandes palmas la tenían sujeta por el culo, pegándola a su erección que acariciaba su vientre en círculos.

Beth jadeó, echando la cabeza hacia atrás hasta que chocó contra la puerta de madera del armario, quedando ligeramente laxa entre sus brazos.

Bajando una mano por su cuerpo, atrapó la tira del albornoz y lo abrió, quitándoselo. Recorrió el cuerpo desnudo de su hembra, repasando las formas que ya sabía de memoria. Su polla dio un pequeño salto dentro de sus pantalones de cuero cuando sus dedos se hundieron entre sus muslos, recogiendo la dulce humedad que se había formado allí.

Con movimientos lentos, subió esa mano hasta su rostro y recorrió uno a uno los dedos con la lengua, asegurándose de que ella viera exactamente como su propia humedad desaparecía en su boca. El ritmo loco al que se lanzaron los latidos de su corazón fue una respuesta más que satisfactoria.

Colocando la palma de su mano izquierda sobre su esternón, la mantuvo apoyada contra el mueble mientras se agachaba. Levantó su pierna derecha, de manera que la planta del pie de Beth quedaba sobre su hombro.

Para darle más efecto a lo que iba a hacer, alzó la mirada hacía donde sabía que estaba su rostro y se lamió los labios.

—Pero sólo para estar seguros de que no se te olvida no repetir esas cosas, leelan, voy a tener que darte una pequeña lección.

Hundió la cabeza entre sus piernas, devorando su sexo con hambrientos lametones, y ruidosos besos, entregándose al placer de tener el sabor de su shellan profundamente en su garganta. Sobre él, la sentía removerse contra el armario, su cabeza golpeando contra la madera de vez en cuando, los jadeos dando paso a intensos gemidos que se abrían paso con crudeza por su garganta.

Decidió ponerse aún más duro a ello, borrar todas sus dudas de que no quisiera complacerla.

Y Sagrada Virgen si lo logró.

Para el momento en que el orgasmo de Beth la golpeó Wrath estaba prácticamente sujetándola de pie y tras los primeros espasmos, le pasó un brazo por debajo de las rodillas y otro por debajo de los hombros, recogiéndola para llevarla a la cama.

Él estaba duro como el granito detrás de sus pantalones y realmente dudaba que fuera a conseguir mantener ambos testículos en su sitio después de esta sesión sin liberación ninguna, pero ella era lo primero. Siempre.

Con delicadeza la depositó en la cama, y le acarició el pelo mientras su hembra recuperaba el aliento. Cuando por fin la sintió abrir los ojos, sonrió y la arrebujó en una manta, luego se puso en pie.

La tensión en el cuerpo de Beth fue instantánea.

—¿Dónde vas?

A hacerme cargo del mástil de barco que tengo en los pantalones.

—A darme una ducha, me duele un poco la cabeza —dijo sin darse la vuelta—. Ya sabes, esas malditas migrañas… Tú descansa, nalla.

—¿Dónde coño vas?

Esta vez la pregunta si le hizo darse la vuelta y no por la palabra extra, sino por el tono de cabreo monumental en la voz de su shellan.

—Ya te lo he dicho, ¿qué...?

—¡¿Te crees que soy gilipollas, Wrath?! ¿Realmente crees que no me doy cuenta de lo que estás haciendo? —ella se llevó las manos a la cara—. Joder, no me puedo creer que estés haciendo esto, de verdad.

—¿Hacer qué, Beth.? Yo…

—¿Qué pasa? ¿Piensas mantenerte célibe hasta que pase mi necesidad? No es por nada, pero vas a acabar con las pelotas del tamaño del Big Ben, además, ¿te crees que me siento bien mientras me dejas aquí sola y tu vas a ocuparte de tus asuntos?

Wrath colocó ambas mano sobre la tienda de campaña que, obviamente, estaba montada en sus pantalones.

—Lo haré si es necesario, con el tiempo te darás cuenta de que es mejor así.

—Ni se te ocurra pensar por mí, que ni se te pase por la cabeza.

—No has visto suficientes hembras morir durante el parto como para darte cuenta de la seriedad del asunto —negó con la cabeza—. El tema no está en discusión, Beth. Esto —palmeó su sexo que dio un respingo—, no va a estar cerca de ti en ningún momento hasta que hayas pasado tu necesidad completamente.

—Estás siendo total y absolutamente egoísta —le gruñó ella—. ¿Acaso yo no tengo palabra en el asunto? Es mi cuerpo del que estamos hablando, mi cuerpo, mi vida.

—Y la mía. Sin ti no soy nada, no estoy dispuesto a ponerte en el más mínimo peligro.

Estaba temblando de pura indignación, ¿es que acaso era tan difícil de comprender que no quisiera perderla?

Se dio la vuelta un vez más dispuesto a ponerle el punto final a la ridícula conversación.

—Si entras en ese baño, vamos a tener un problema —le amenazó Beth.

Y fue la gota que colmó el vaso.

Como si estuviera fuera de su cuerpo, sintió su puño estamparse con fuerza brutal en la puerta del servicio, que crujió y se astilló.

—Te he dicho que el tema no está en discusión —le dijo en un tono mucho más violento del que le hubiera gustado.

—No soy uno de tus súbditos, no me dices de lo que puedo hablar o no.

Wrath rugió de indignación y la señaló con el dedo acusadoramente.

—Lo último que necesito, Elizabeth, es que tú también eches más mierda al montón que estoy soportando sobre la espalda. Así que deja de llamarme egoísta cuando me dejo la piel por cada uno de vosotros cada día.

El silencio en el que pareció haberse sumido su shellan no hizo más que acrecentar su ira. Hubiera sido mucho mejor que siguiera peleando con él porque, en el humor en el que se encontraba en esos momentos, su depredador interior interpretó la falta de palabras como una debilidad por su parte.

—No mires la paja en el ojo ajeno, se dice ¿no? ¿Se te ha pasado siquiera por la cabeza preguntarme cómo ha ido el día hoy? Porque, la Virgen lo sabe, me sentía como la mierda cuando llegué aquí y ¿sabes por qué? —cuando ella no contestó, volvió a pegarle a la puerta—¡¿Pregúntalo?!

—¿Po–por qué?—la voz de Beth sonaba cercana a lágrimas, pero aún así siguió.

—Hoy han encontrado a dos civiles despedazados en un puto callejón. Completamente desmembrados ¿pero sabes lo peor? No tenemos la más puta idea de qué fue lo que les pasó y la única hipótesis es tan acojonante que se me ponen los huevos de corbata de sólo pensar en ella. ¿Para eso quieres hijos? ¿Para que algún hijo de puta tenga la oportunidad de matarlos? Estamos en guerra, por si no lo sabías, y estás emparejada con el jodido Rey, imagínate la clase de objetivo en el que se convertiría nuestra descendencia. Me da exactamente igual lo que opines en este asunto. Nada que digas o hagas me hará cambiar de opinión, ¿me oyes? Así que deja esa mierda. YA.

Con un portazo se encerró en el baño y abrió la ducha a tope. No quería que oírla llorar.
Ni que ella lo oyera a él, claro.

****


Para cuando salió del despacho de Wrath, Tohr apenas se sentía capaz de mantener en el estómago la merienda que había tomado con John.

Virgen, lo que había dicho V… que necesitarían a Rehvenge.

Un escalofrío lo recorrió y se vio transportado unos trescientos años atrás.

El helado viento del Antiguo País azotaba su rostro mientras espoleaban sus cabalgaduras a su máxima velocidad, dirigiéndose a la humilde casa de Darius. Las congeladas ráfagas se le clavaban como dagas en la piel, pero él no podía más que agradecer el dolor, conseguía mantener su mente alejada de asuntos más sombríos.

Sagrada virgen, esa hembra…con su daga…

Con un ligero movimiento de cabeza, despejó sus pensamientos y decidió aplicar aquello que su mentor le había aconsejado: ya no había nada que pudiera hacerse, había que mirar hacia el futuro, salir adelante. La raza los necesitaba.

Espoleó con más ahínco a su semental, que se lanzó a un galope enloquecido, los ollares totalmente expandidos expidiendo vaho en la noche, dándole un aspecto diabólico. Tohr rió amargamente ante la comparación. Él sabía perfectamente quién era el diablo y estaba ahí fuera: vistiendo níveas túnicas bajo un cuerpo asexual, mirando en lo más profundo del los pecados de los hombres con ojos color sangre.

Los Symphaths eran el demonio. Que se pudrieran junto al Omega en el Dhund.

Como si supiera la trayectoria que habían tomado sus pensamientos, la montura de Darius, se puso a su altura, los ojos azules del vampiro se clavaron en los suyos con gravedad, y una comprensión que iba más allá de cualquier gesto.

Tohr hizo un breve gesto de asentimiento con la cabeza para calmar a su compañero y volvió a fijar los ojos en el camino que ya se abría paso hasta las inmediaciones de la casa que tenían por destino.

Aflojando el paso de los caballos, tomaron un camino secundario, internándose un poco en el oscuro bosque hasta que vislumbraron la construcción de madera. Desmontaron y colocaron a los equinos cómodamente en los establos, al amparo del inclemente clima y luego se apresuraron a guarecerse ellos mismos.

Una vez dentro, Tohr se ocupó de encender la lumbre, mientras Darius preparaba algunas viandas. Habían sido unas semanas largas, llenas de estrés, miedo, decepciones y golpes. Ahora que su misión había concluido debían recuperarse antes de reunirse con la Hermandad y dar parte de lo ocurrido.

Bueno, D se ocuparía de eso. El no era miembro de la Hermandad, y ahora que su padre, Hharm, había renegado de él, probablemente no lo sería nunca. Su ánimo se hundió aún más profundamente y las delicadas facciones del bebé que el Hermano había llamado Xhexania se dibujaron con toda claridad en su mente. Aparentemente estaría segura en esa casa, con una familia que la querría y le daría una buena vida, manteniéndola sana y salva. Mucho más de lo que alguien como él, un repudiado sin trabajo ni techo propio, podría haberle dado. Pero aún así no podía quitarse ese sentimiento de responsabilidad de encima y…

—Deja ya de darle vueltas, hijo —la voz suave de Darius lo sacó de su ensimismamiento—. Lo que ha ocurrido es la peor de las situaciones posibles, pero como sabes es bastante común que los Symphaths hagan incursiones y secuestren hembras vampiro.

Tohr desnudó los colmillos y gruñó:

—Todos y cada uno de ellos deberían ser exterminados de la manera más horrible posible.

En su fuero interno, el joven no pudo más que sorprenderse ante la agresividad de sus propias palabras, pero bueno por algo era hijo de su padre. Además, consideraba a la subespecie vampira poco más que bestias inmundas.

—No es tan fácil. Los comedores de pecados tienen armas muy poderosas a las cuales no somos inmunes. He estado en suficientes altercados como para aprender a temerles a pesar de su aspecto enclenque.

—Pero —comenzó Tohr frunciendo el ceño—, aquel que había secuestrado a joven hembra no nos atacó.

—Era joven y estaba asustado. Sintiéndose acorralado no consiguió usar su más letal poder contra nosotros. Pero fue cuestión de suerte, pudiera ser que no nuestra victoria no hubiera acaecido de habernos enfrentado a uno con más experiencia, edad y poder.

Tohr se encogió, el apenas llamaría victoria a lo que habían conseguido: la hembra estaba muerta, la familia destrozada y había un bebé mestizo en adopción.

A él más bien le parecía un trabajo de remiendo muy mal hecho, pero Darius parecía estar satisfecho con el resultado, lo cual aplacaba un poco sus remordimientos.

—El Rey Wrath debería hacer algo por contener esa plaga —gruñó.

Vio a Darius asentir ligeramente.

—Estoy de acuerdo. Es muy probable que los Symphaths no salgan impunes de este suceso, después de todo la familia damnificada no ha sido otra que la del leadhyre, Sampsone. De todas maneras —sus serenos ojos se posaron en Tohr—, no deberías guardar todo ese rencor y remordimiento dentro de ti, hijo. Al igual que la ira desmedida son compañeros desagradecidos que no harán más que carcomerte por dentro.


Tohr recordaba perfectamente la tibieza que sentía en el pecho cada vez que D le llama hijo y cómo, observando las profundidades de su mirada azul, había deseado alguna vez llegar a ser tan sabio como su whard.

Masajeándose las sienes, se dirigió a su habitación a ocuparse del papeleo. Wrath le había encargado hacerse cargo de organizar la reunión con Rehvenge y de comenzar a recolectar información sobre los movimientos de la colonia de Symphaths durante los últimos años. No iba a ser tarea fácil. Técnicamente, el rey de la colonia siguiendo vasallo de Wrath y le era exigido pasar un informe anual sobre el mantenimiento del lugar: facturas, nuevos decretos, censos, etc…

Pero estos documentos habían ido disminuyendo no solo en cantidad sino en calidad con el paso de los años, sobre todo dado que Wrath había prácticamente abandonado la corona y el comedor de pecados pedazo de mierda a cargo se sintió libre de dejar de remitirles la información solicitada.

Con un poco de suerte, Rehvenge tendría acceso a datos guardados en el castillo que les ayudarían a trazar el desarrollo de la colonia de un tiempo a esta parte.

Qué coño, con un poco de suerte los putos Symphaths no tendrían nada que ver con esto y se hallarían ante un caso aislado de un restrictor al que se la había ido la pinza y había decidido hacer picadillo de vampiro.

El hecho de que el perpetrador fuera un humano no entraba en consideración, el macho vampiro simplemente le hubiera despachado. Incluso la hembra podría haberlo hecho sin mucha complicación.

Hablando de complicaciones. Más complicaciones. Más y más complicaciones. Y el jodido dolor de cabeza que venía atormentándolo durante más de dos días.Y sabía la manera exacta de librarse de él: alimentarse.

El problema era que eso le daba más miedo que todo el dichoso asunto de los asesinatos. No espera, le daba más miedo que los asesinatos, un terremoto, un tsunami, el Armagedón y el Apocalipsis juntos.

Por lo menos en todos los casos anteriores la solución estaba clara: la palmaba.

¿Cuándo se alimentaba? Se sentía muerto por dentro a pesar de estar ingiriendo aquello que le proporcionaba la vida, con cada trago de la vena de la Elegida, se sentía un enorme traidor. Y todo ello sería mucho más fácil si sus papilas gustativas no disfrutaran tantísimo del proceso. Era como si hubiera una disociación en él: por un lado su mente, martirizándose y por otro su cuerpo disfrutando.

No sabía si algún día se repondría de toda la mierda y sería capaz de alimentarse si darse asco a sí mismo. Pero estaba seguro de que ese momento no estaba en un futuro cercano. Ni de coña.

Lo cual era una gran cagada.

Armándose de valor, se decidió a ir a la habitación donde Layla lo alimentaba asiduamente. Usarían el teléfono de allí para llamar a Phury y pedirle que la convocara lo antes posible. Si tenía que enfrentarse a todo el papeleo que estaba esperándolo en su mesa, necesitaba a su cerebro cooperando al cien por cien en vez de intentando asesinarlo.

Abrió la puerta frunciendo el ceño ante una repentina punzada se frotó el puente de la nariz, cerrando los ojos al entrar en la habitación. Lo cual fue la causa de que el jadeo femenino lo pillara por sorpresa. Con un pequeño respingo, abrió los ojos para encontrarse con la Elegida Layla semidesnuda frente al gran espejo oval de la habitación.

—Oh, sire, me habéis asustado —dijo con suavidad mientras se reajustaba su blanca túnica semitransparente, sus mejillas estaban de un vivo color rosado.

Y por la sensación de calor en su propio rostro él no debía presentar un aspecto muy diferente. Como gesto de cortesía le dio la espalda, concediéndole privacidad para que acabara de adecentarse, perdiéndose la expresión dolida en el rostro de la hembra.

—Yo... eh... lo siento. No sabía que estabas aquí Elegida. Me retiraré de inmediato para dejarte espacio sí, yo… —salió con celeridad de la habitación y apoyó la espalda contra la puerta de madera, resollando como un toro.

¿Por qué tenían que pasarle estas cosas a él? Pensó mientras flashes de la desnudez de Layla se paseaban por su mente.

Sintió un ligero movimiento en su cuerpo, uno que hacía mucho que no sentía. Incrédulo, miró hacia abajo: entre sus piernas su sexo se había hinchado parcialmente, abultando un poco sus pantalones.

—Oh, mierda... —¿lo habría notado ella?

¡TRAIDOR! Le gritó de inmediato su cerebro, y su erección parcial se desinfló con rapidez.

¡ESTÚPIDO! Chilló su cuerpo, que aún se revolvía ante la vista que había logrado.

—Callaos —gruñó. Bueno al menos ahora podía volver a entrar en la habitación y exponerle sus necesidades a la hembra, pensó considerando su masculinidad laxa.

Se aclaró la garganta y tocó suavemente con los nudillos.

—¿Elegida? Soy yo otra vez, el Hermano Tohrment ¿serías tan amable de aceptarme en tu presencia?

—Desde luego, sire —vino la suave respuesta desde dentro.

Volvió a pasar a la habitación bajando la mirada para no incomodarla aún más. Si la hembra solía estar tensa a su alrededor ya de por sí, este el desafortunado comienzo no iba a ponerle las cosas mucho más fáciles.

Dejó la puerta entornada, para que ella no se sintiera acorralada y se colocó a una distancia prudencial para no agobiarla. Lo cual no sirvió de mucho, de todas maneras: la habitación era más bien pequeña y a pesar de que aun no estaba en su peso y su masa muscular ideales aún, Tohr seguía siendo un macho de gran envergadura y el reducido espacio parecía abarrotado por su imponente cuerpo.

—Quiero presentarte mis más sentidas disculpas por lo que acaba de pasar, Elegida, no tenía constancia de que estabas aquí. Espero no haberte ofendido en demasía al violar tu privacidad, juro sobre mi honor de Guerrero que un incidente así no volverá a producirse

Sorprendido, notó como la esencia natural a canela de Layla se hacía menos palpable en el ambiente, siendo sustituida por un deje a lluvia fresca, como si las emociones de la hembra acabaran de fluctuar hacia derroteros más amargos.

Sagrada Virgen, ¿realmente la había ofendido tanto?

—Por favor, llamadme Layla, sire —pidió con su voz suave como el terciopelo.

Tohr no pudo evitar estremecerse ante la tristeza que se enmascaraba bajo su tono. Alzando la mirada, se encontró con que sus ojos azul pálido estaban escrutándolo con detenimiento y una vez más fue incapaz de dilucidar qué pasaba por la mente su mente.

—Desde luego, Layla —su nombre le supo dulce en la lengua al pronunciarlo con experimental lentitud.

Se hizo un largo silencio y cuando ella carraspeó, Tohr se dio cuenta de que se había quedado mirándola fijamente. Avergonzado, desvió la mirada, y aclarándose la garganta se propuso a exponerle el motivo de su “visita”:

—Ele... Layla, me había dirigido precisamente aquí para ponerme en contacto con el Primale. Iba a pedirle que te consultara si serías capaz de acudir esta tarde.

—Había estado esperando a que me convocarais, sire.

Tohr volvió a sonrojarse y se pasó una mano por el corto pelo. Por lo general Layla y él apenas hablaban cuando ella venía a alimentarle, la hembra era totalmente profesional desempeñando su función, pero más de una vez parecía haber reunido el valor necesario para regañarle por esperar demasiado tiempo entre toma y toma de sangre, de manera que su salud se deterioraba momentáneamente.

—Lo sé, me he descuidado… otra vez —hizo el intento de sonreírle.

Y cuál fue su sorpresa al verla sonreírle de vuelta, aunque tímidamente. Se quedaron observando sus respectivos rostros por unos segundos, antes de que Layla se dirigiera al cómodo sillón donde normalmente le alimentaba.

Rodeando el mueble, se colocó detrás del respaldo y le esperó. El corazón de Tohr dio un pequeño vuelco mientras la observaba, hoy estaba especialmente taciturna, como si algo le hubiera pasado… no era como si ella fuera a contarle a él sus problemas, ¿no?

Sacudiendo la cabeza para despejar los estúpidos pensamientos se sentó en su sitio. Enseguida la pálida muñeca de la Elegida apareció desde atrás frente a su rostro. Siempre lo alimentaba de esta manera, de forma que a él se le hiciera más fácil el proceso. Era como si al no tener que verla consiguiera algo de paz consigo mismo.

El pensamiento vino de ninguna parte: pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo se siente ella con esta situación?

Tohr se mantuvo vacilante con la muñeca de la hembra a escasos centímetros de su rostro. El progresivo deterioro de la esencia de Layla le hizo gruñir y ella tembló.

—Layla —dijo con la voz algo ronca—, siéntate a mi lado esta vez.

—¿Sire…?

—Ven.

Una vez hubo rodeado el mueble, su ligera forma tomo asiento a su lado.

Realmente se preguntaba qué coño estaba haciendo, para qué complicaba las cosas aún más. Pero había sido educado en la vieja escuela y presentía que ella no se encontraba bien esta noche y…se sentía algo protector.

—¿Te encuentras bien esta noche, Layla?

—Desde luego, Sire ¿por qué no habría de…?

—No me gusta que me mientan.

Tohr utilizó su mirada especial, esa que hacía que nadie fuera capaz de decir más que la verdad si la ponía en práctica. Sabía que era un truco duro, pero algo en él le decía que era la única forma en que conseguiría sacarle algo. Esperó a que la fuerza de sus ojos hiciera efecto, aunque, para su sorpresa Layla no apartó la mirada.

—Bueno… yo, he venido a alimentarme del sire Qhuinn. Él es el que me provee de mi sustento, ya que cómo sabéis debo alimentarme al no frecuentar el Otro Lado.

Curioso, la idea de que fuera ese crío el que alimentaba a una mujer como ésta no le hacía mucha gracia. Qué…

Desechando la idea, decidió ponerse algo más inquisitivo, si se había alimentado, no podía sentirse mal.

—Layla, ¿va algo mal con el sire Qhuinn? ¿Te trata de manera indebida? No quisiera parecer que me inmiscuyo en exceso, pero la última vez que le vi junto a ti, no parecías estar muy a gusto.

Voilá. Eso la hizo revolverse en su asiento, así que había dado en el clavo. Una sensación de quemazón empezó a extenderse lentamente por su pecho, si ese muchacho no la había respetado como era debido, iba a vérselas con él.

—No, no sire. El sire Qhuinn me trata estupendamente —Tohr estrechó sus ojos en un claro déjate–de–rollos y ella se aclaró la garganta—. Ehm, no sé si estaréis al tanto de la formación que recibí al Otro Lado, sire.

Tohr ladeó la cabeza ligeramente hacia un lado, ¿formación? ¿De qué demonios hablaba esta hembra? Más le valía no estar intentando desviar su atención del tema, porque había decidido llegar al fondo del asunto y…

—Fui entrenada como ehros, sire, pero me temo que aquí mi formación no está sirviendo de mucho.

Oh, puta mierda. Gran puta mierda. Esta era desde luego mucha más información de la que él precisaba ¿en qué se había metido?

—Comprendo que algunos de los Hermanos a los que sirvo, como los sires Rhage y Vishous, tienen shellans y no desean compartir el placer de sus cuerpos con ninguna otra hembra. Pero otros como los sires Blaylock, Qhuinn o vos mismo, no estáis en esa situación, y aún así no hacéis uso de mí, ¿es que me encontráis desagradable en algún modo?

Tohr se quedó estupefacto, boquiabierto, sin palabras. Su cerebro se había tomado unas buenas vacaciones con sus conexiones neuronales como acompañantes.

Y no parecía que fueran a volver pronto. Joder.

Sus ojos hicieron un repaso involuntario del cuerpo de la Elegida: empezaron por su espesa melena de ondas rubio pálido, recogida en un moño algo despeinado, por lo que algunos mechones caían como hilos de oro sobre la perlada piel de sus clavículas que –no sigas por ahí – sostenían las esbeltas longitudes de sus níveos brazos, acabados en manos de largos y delicados dedos, los cuales estaban posados en –oh, no– sus bien torneados muslos, perfectamente visibles a través de la túnica, que también dejaba ver parte de sus llenos y redondeados –ni de coña, sube la mirada– llenos y redondeados como sus voluptuosos labios de un atractivo rosa natural que te incitaba irremediablemente a querer probarlos. Pero todo eso era hasta que mirabas por encima de sus altos y bien definidos pómulos, encontrándote de lleno con sus luminosos ojos verde claro, que transmitían toda una impresionante gama de inteligencia e intensidad.

Una intensidad parecida a la que había cobrado ahora su perfume natural al canela que florecía en la habitación

—¿Sire?

Tohr se sorprendió a sí mismo gruñendo bajo desde lo profundo de su garganta e hizo un esfuerzo por recuperar la compostura. La mirada de Layla brillaba como si estuviera anticipando algo y de vez en cuando se posaba en los labios de Tohr, que se dio cuenta de que sus colmillos estaban extendidos casi al completo.

Con una punzada de remordimiento, se dio cuenta de que la esencia de Layla se había intensificado debido a su excitación, a su errónea creencia de que podía esperar algo de él.

¿Errónea? Le dijo una vocecita en su interior, y luego escuchó más ecos:

Hay que seguir adelante, tío, pero no por ellos, por nosotros. Además, aunque te vaya a sonar a cliché, ellos lo querrían así. Ese era RIP.

Antes o después tendrás que pensar en estar de ese modo con un hembra. Por ejemplo esa tal…¿Layla? De la que te alimentas…Las cosas cambian, Tohr. El puto Lassiter.

Traidor.

Ese solo susurro en su mente echó por tierra todos los demás argumentos.

Bajando la mirada a sus manos, se aclaró la voz.

Sería imposible encontrarte desagradable, oh hermosísima, Elegida —le dijo en la Antigua Lengua.

El perfume de Layla menguó hasta casi desaparecer, cuando la miro de nuevo, sus ojos habían perdido su luminosidad, cambiada por el duro reflejo del acero forjado en las profundidades del alma para recubrirse contra el dolor.

—Es curioso, sire, todos me decís lo mismo, pero yo sigo igual, intacta.

—¿In–intacta? ¿Acaso Qhuinn y tú no…? —comenzó el, confundido.

Layla se levantó del sofá y enarcó una ceja, mirándolo con algo parecido al desprecio desde su posición superior.

—El sire Qhuinn se ha permitido ciertas indulgencias conmigo, pero, aparentemente, él también me ve demasiado “hermosa” como para tomarme —su voz era glacial—. Ahora, si me permitís, os proveeré de lo único que necesitáis y deseáis de mí.

Intacta. Ella seguía siendo virgen. Volvió a sentir ese ligero estremecimiento entre las piernas y esta vez no tuvo que mirar hacia abajo para saber qué se estaba cociendo por aquellos lares.

Era un puto hombre de las cavernas, vampiro en este caso, pero no podía evitar estremecerse al saber que ningún macho la había tomado, que nadie había tenido el privilegio de aprovechar su formación como ehros.

Todo esto ahogó sus voces interiores.

Bien, el ligero estremecimiento de su sexo se había convertido ahora en algo un poco doloroso, sobre todo porque la cabeza de su polla estaba luchando contra la opresión de los botones de sus pantalones militares y, teniendo en cuenta que nunca llevaba ropa interior, era una cuestión de piel contra metal.

Layla, que no parecía haberse percatado del estado en el que él se encontraba, comenzó a darse la vuelta para rodear el sofá y adoptar su puesto inicial.

Como por voluntad propia, la mano de Tohr salió disparada y asiéndola por la muñeca la sentó de un tirón en el sofá a su lado.

—Las cosas… no son tan fáciles como tú las pintas, Layla —le dijo entre dientes porque no confiaba en que su voz saliera en algo más que un ronroneo erótico. Cuando cerró la boca, sus colmillos plenamente extendidos se clavaron en su lengua, pero eso estaba bien, el dolor le ayudaría a centrarse.

O eso quería creer.

—No veo cuál es el problema, sire, yo estoy totalmente dispuesta.

Y la fuerza de su perfume lo verificaba. Muy a su pesar, Tohr inhaló, llenándose del olor de la excitación de la hembra, sumándolo al suyo y haciendo que las ganas de llevar a cabo una gilipollez que después ambos lamentarían se hicieran casi inaguantables.

No parece que ella fuera a lamentarlo... ¡cierra la boca!

—¿Vais a tomarme o no?—con un suave gesto descubrió su garganta, lo que no hizo que la ambigüedad de la pregunta quedara menos patente.

Ante la pregunta la mirada de Tohr se clavó en su blanco cuello, su vista depredadora era prácticamente capaz de ver la sangre fluyendo rauda por sus venas. Y naturalmente captó muy claramente las frescas marcas gemelas de colmillos. Un rugido se elevó en su garganta y los suprimió a duras penas. Ni de coña iba a tomarla por donde otro macho lo había hecho.

Rápido como una serpiente agarró su mano derecha y la subió hacia su boca. Prácticamente rompiendo la manga de la túnica en el proceso de desnudar su muñeca, con un fiero siseo clavó los colmillos directamente en sus venas, tomando un primer y ávido trago.

Mantuvo los ojos fijos en las heridas del cuello de Layla y ella se llevó los dedos a la piel dañada, como si supiera que era eso lo que miraba.

Si antes no se sentía cómoda a tu alrededor, ¿cómo va a sentirse ahora? Sonó una pequeña voz racional en el cerebro de Tohr.

Rápidamente ahogada por el rugido de la sangre de la hembra en sus venas.

****


Sagrada Virgen.

Layla echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo del sofá, un largo y satisfecho suspiro abandonó su garganta.

Así que así se sentía que un macho tomara tu vena realmente deseándote.

La excitación del sire Tohrment había sido evidente cuando la había tomado por la muñeca, sentándola a su lado nuevamente. No había podido ocultarla bajo sus pantalones. Aún así no había manera de confundir el brillo de la lujuria en sus ojos azul marino.

De todos los machos que había en la casa, jamás se le había ocurrido que sería él quien la tomaría de esta manera. No podía evitar estar algo nerviosa a su alrededor, la delgadez en su cuerpo de guerrero le recordaba a…

Dio un respingo cuando comenzó a beber de ella con renovado vigor. Bajando la mirada observó su apuesto rostro: tenía la vista clavada en las marcas que el sire Qhuinn le había dejado cuando se habían alimentado el uno del otro. Esta mañana cuando la había despedido de su habitación, pura e intacta. Una vez más.

Sonrió muy a su pesar, mirando el rostro del Hermano ante ella; sería la última vez.

Algo tímidamente, alzó una mano y la apoyó sobre su cabeza, cuando él no se apartó comenzó a moverla en una rítmica caricia, pasando los dedos por su pelo de corte militar, observando los reflejos azulados que le confería la luz de la lámpara.

Él ronroneó, alentándola, y ella bajó su mano un poco más, para trazar sus duras facciones: las mejillas estaban aún un poco hundidas dándole un aspecto más severo del que realmente tenía y que estaba acentuada por su fuerte mandíbula. Su piel tostada era extremadamente suave bajo su palma, por lo que intuyó que debía haber hecho eso que llamaban “afeitarse” hace poco. Si no, hubiera tenido algo parecido a lo del Hermano Vishous, frunció la nariz, le gustaba más así.

Cuando el ritmo de él sobre su vena no aminoró tras un buen rato comenzó a sentir la cabeza más ligera de lo normal, un no del todo desagradable mareo se posó sobre ella y se agarró a su macizo hombro, clavándole ligeramente la uñas, a fin de mantenerse en su lugar.

Pareció percatarse de que estaba tomando demasiado, o por fin sació su voraz hambre de ella. Retrayendo los colmillos, comenzó a cerrar las heridas de su muñeca, pasando la suave, húmeda y cálida longitud de su lengua por ellas.

Esto se parecía tanto a… su sueño. Sí, hubiera reconocido esa sensación en cualquier parte. Su sexo se humedeció ante el solo recuerdo de tenerlo oníricamente entre sus piernas.

Sagrada Virgen Escriba, ¿era él, verdad? El misterioso macho de sus sueños era él, pero ¿por qué?

Con la vista algo nublada, le observó acabar de sellar las laceraciones. Sentía cada centímetro de su piel en llamas, y el perfume de él era denso en su nariz, prueba palpable de que seguía tan encendido como ella.

Con gestos algo torpes por la pérdida de sangre, llevó sus manos a las solapas de su túnica, comenzando a separarlas para exponer su cuerpo.

Solo que él no se lo permitió. Confundida, clavó la vista sus ojos y vio el férreo autocontrol con el que estaban revestidos. Supo en ese momento que, esta vez, tampoco iba obtener lo que quería, lo que necesitaba.

Que tampoco era lo suficientemente buena para este macho, en sueños o en la realidad.

No dejó de mirarle todo el tiempo mientras se levantaba, arreglaba como podía la enorme erección detrás de sus pantalones y se pasaba las manos por la cara y el pelo, como si fuera presa de algún tipo de desesperación.

Sus ojos estaban llenos de remordimientos y dolor cuando los volvió hacia ella.

—Lo siento mucho, Layla, de verdad. No debería… le diré a Fritz que venga a ayudarte, yo... Adiós.

Y con eso salió como una tromba de la habitación. Dejándola con su dolor. Podía ignorar las palpitaciones en su muñeca y su sexo, pero no la desgarradora decepción en su interior.

Se levantó de golpe del sofá, comenzando a pasearse como una fiera enjaulada por toda la habitación, dando vueltas y más vueltas, sintiendo como una inconmensurable presión iba tomando forma en su pecho.

Con un gruñido de furia dio una patada a la silla más cercana y se paró en seco al percatarse de su acción.

¿En qué me estoy convirtiendo?

A la Layla de hace unos meses ni siquiera se le habría pasado por la cabeza perder los estribos de esta manera. La perfecta Elegida se habría resignado en silencio a su destino. Pero algo dentro de ella se revelaba cada vez con mayor intensidad ante la pasividad que predominaba en su vida y que iba acentuándose progresivamente.

Volvió a mirarse en el espejo donde Tohrment la había sorprendido: tras haber estado con el sire Qhuinn no se había sentido con ganas de ir de nuevo al rancho del Primale y tener que enfrentarse al resto de las habitantes.

Así qué se una vez el sire se hubo ido, ella se quedó con la excusa de que necesitaba solo unos momentos de descanso. Cosas de hembras, le había dicho. Pero la verdad es que, una vez a solas, había dado rienda suelta la frustración haber permanecido intacta tras otro encuentro más con el guerrero.

De pie ante este mismo espejo se había contemplado largo rato, buscando faltas físicas a las que echar la culpa, desnudando su cuerpo ante su propia escrutadora mirada. Como siempre, no había encontrado ninguna por más que lo intentara.

Y era así como debía ser: las Elegidas era seleccionadas por medio de un riguroso programa de reproducción selectiva, al igual que los Hermanos, de manera que fueran los mejores especímenes de la raza.

Total, para lo que le estaba sirviendo.

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